Debatir más, fortaleza de la democracia
El primer debate presidencial rumbo a las elecciones del primero de julio contribuyó a fortalecer nuestras instituciones y cultura democráticas. Ello se debe en buena medida al impulso que desde su origen, y sin tregua alguna, ha dado el PAN a la cultura del debate. Han sido “años de sorprendente perseverancia democrática” como escribió el prestigiado académico y distinguido militante panista, Alonso Lujambio.
En los últimos 10 años los gobiernos federales emanados del PAN, en congruencia con ese largo batallar, han sido firmes defensores y promotores del debate público, del contraste abierto y plural de ideas para lograr acuerdos y transformaciones en el país. Para lograrlo se han ensanchando, como nunca antes, las libertades de prensa y de expresión, fortalecido, desde el gobierno federal, la cultura de la transparencia y rendición de cuentas.
En contraste con lo que ocurría todavía hace algunas décadas, hoy en México se puede debatir con libertad, sin temor a represalias de ningún tipo por parte de la autoridad federal. Hoy la pluralidad de partidos, de ideas, de propuestas y la libertad de manifestar los disensos y los acuerdos es una realidad, un ideal de nuestros fundadores hoy alcanzado.
El que los mexicanos hayamos tenido la oportunidad de conocer las ideas, las propuestas y algunos de sus proyectos, nos da la oportunidad de contar con mejor información y eso se traduce en una sociedad más educada en lo político, derecho de cualquier ciudadano. Sin embargo, éste es un primer capítulo. A raíz de este ejercicio se puede dar inicio a la generación de ideas para un formato de debate menos rígido, más dinámico y natural a fin de que haya la oportunidad de que las ideas fluyan, se comparen y también, por qué no, se confronten.
Es deseable que en un segundo debate se conozcan más a detalle los ‘cómos’ de las propuestas presentadas, que se fijen posturas e ideas concisas y que sea esto lo que permee en el vox populi, en el votante, y no sea la anécdota la que quede en la memoria colectiva.
No tengo duda de que los debates entre quienes aspiran al máximo cargo público de nuestro país llegaron para quedarse y dar vitalidad a nuestra vida y cultura democráticas. Pero el debate es un ejercicio democrático que debemos mejorar. Hay mucho qué hacer y el reto que nos pone el ciudadano es grande: demanda más y mejor información para decidir a quién dar su voto; qué bien que así sea. La cultura del debate está dando frutos y permeando inexorablemente otros ámbitos de nuestra vida nacional.
El debate fue intenso y masivo, ocupó todos los espacios de comunicación del país. Los ciudadanos decidieron y el debate, según Ibope, tuvo mayor rating que el fútbol dominical. Buenas noticias para nuestra democracia, buenas noticias para nuestra cultura del debate. Este hecho es un buen ejemplo. Fue un ejercicio que nadie rechazó, del cual nadie renegó, por el contrario, los propios candidatos se pronunciaron porque se perfeccione; probablemente también repararon en el rating alcanzado.
También es de destacarse el que hayamos logrado reformas que han dado un renovado impulso al crecimiento económico de nuestro país; logros significativos en materia de derechos ciudadanos y leyes que serán fundamentales para construir un país de paz con justicia. Concretar estos avances no fue fácil, pero se hicieron por una razón fundamental: hubo voluntad democrática.
Es hora de debatir, de informar, de rendir cuentas, de poner la mesa para que los ciudadanos elijan a los mejores para que los representen a fin de continuar la transformación de nuestro país. Va mi reconocimiento al IFE y a los candidatos presidenciales por este ejercicio democrático, del cual los mexicanos queremos más.
@jglezmorfin
Presidente del Senado de la República



