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Editorial EL UNIVERSAL

Educación: tiempo vital

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los de

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08 de mayo de 2012

El tema educativo lo atraviesa todo. Es la base y esencia de un mejor México. Todo rezago nuestro como país se debe a lo que no hemos hecho en la materia: la violencia generalizada, el mediocre comportamiento de nuestra economía, nuestra marginación de la sociedad del conocimiento, la falta de empleos y la difícil equidad de géneros, entre muchos otros temas vitales, pasan por tener un aparato educativo que no responde a las necesidades de una nación pujante y moderna como la que podríamos ser.

Por eso tienen sentido los esfuerzos que se hagan desde cualquier trinchera para analizar el fenómeno y proponer soluciones viables. Ayer el ex rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, organizó un encuentro con la comunidad académica para presentar las propuestas base de la plataforma electoral del candidato del Movimiento Ciudadano a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador. Su experiencia como hombre comprometido con la educación a todos los niveles, no sólo la universitaria, garantiza que sus planteamientos serán debatidos con seriedad por la sociedad y quienes son los directamente afectados o beneficiados con las políticas públicas en educación.

De hecho, el domingo pasado, durante el debate de los candidatos presidenciales, el tema de la educación fue central. Los aspirantes reconocieron por igual la importancia del tema, como eje rector de un cambio profundo en el país. Con diversos matices y enfoques, quienes buscan el voto ciudadano se comprometieron a apoyar lo que se hace en las aulas mexicanas, evaluar a los profesores e invertir en este rubro mucho más de lo que se ha puesto hasta ahora; incluso ofrecieron ir más allá al soltar recursos históricos para ciencia y tecnología, que también forman parte del paquete educativo a gran escala y que, de hecho, son las piezas que vinculan de manera directa formación educativa y desarrollo nacional.

Un país que no apoye a su educación seriamente no puede aspirar a mucho en el concierto de naciones, y estará condenando a sus habitantes al subdesarrollo. Sea quien ocupe Los Pinos a partir de diciembre próximo tendrá que comprometerse a fondo en el tema, sin simulaciones ni demagogia. No hay tiempo para sobrellevar nuestro atraso en la materia ni para solapar rezagos. O damos el estirón como país, vía la educación de excelencia y calidad, o nos resignamos a seguir viendo cómo otras naciones nos rebasan en la frenética e imparable carrera por el conocimiento y el desarrollo.



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