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Porfirio Muñoz Ledo

El epicentro democrático

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD

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08 de mayo de 2012

La renovación de autoridades del gobierno de la ciudad ha privilegiado de nuevo la constitución para la capital. Esto es autodeterminación ciudadana y ejercicio del principio de “soberanía de los pueblos”, como fue concebido desde los prolegómenos de nuestra independencia, cuando el síndico del Ayuntamiento, Primo de Verdad, reclamó en 1808 la devolución del poder a los habitantes de la ciudad.

En extraordinaria conversación pública, presidida por el doctor Miguel Mancera, se precisaron tanto el alcance como el significado de un movimiento constitucionalista a partir del corazón de poderes federales.

Quedó claro que en un periodo breve de la historia —de 1988 a 2000— fueron desmontados a través de movilizaciones sociales, negociaciones políticas y la práctica del sufragio los tres pilares del antiguo régimen, a saber: un presidencialismo exacerbado, el sistema del partido hegemónico y el dominio político territorial y militar del Ejecutivo federal sobre la ciudad de México.

El movimiento democrático iniciado en 1986 como un proceso de ruptura dentro del partido dominante y de alianza con partidos de oposición y organizaciones de la sociedad abrió una página inédita en la historia del país. A pesar del fraude electoral y por el cambio objetivo ocurrido en la nación, se iniciaron fenómenos que condujeron en 1994 al primer acuerdo sobre instituciones electorales autónomas y respeto al voto con los que se instauró el periodo de la transición democrática mexicana.

En ausencia de una reforma del Estado que hubiese dotado de una nueva constitucionalidad al país, las transformaciones acaecidas han dañado la fortaleza y solvencia de las instituciones públicas. A ello se añade que este ciclo coincidió con el reinado de una estrategia económica neoliberal impuesta desde el exterior, que conllevó el debilitamiento del Estado y la predominancia de los poderes fácticos externos e internos.

Las grandes reformas políticas están pendientes: el cambio de régimen que permita componer gobiernos estables y de mayoría, la revisión del sistema electoral y representativo que elimine las influencias indebidas del poder y del dinero sobre el sufragio, la instauración de fórmulas de democracia participativa que otorguen a los ciudadanos espacios verídicos de poder, la descentralización efectiva de la autoridad a los estados y municipios que reconstruya el federalismo y la transformación democrática de los medios de comunicación social.

En el contexto de la transición, la ciudad de México tuvo la función de epicentro democrático. A partir del terremoto de 1985, en el que ocurrió una dramática omisión de los poderes públicos, los ciudadanos se hicieron cargo de su propio destino y se inició un proceso de movilizaciones sociales, políticas e intelectuales que no ha cesado hasta la fecha. Por esa razón el planteamiento de una constitución para el DF pudiera ser el detonador de un nuevo pacto social en la capital y de la renovación del pacto federal.

En el Senado está enterrada la iniciativa de reformas constitucionales a nivel nacional que permitirían la plena autonomía de la ciudad y que fueron acordadas por todos los partidos políticos en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Tendríamos que iniciar a partir de las elecciones del 1 de julio dos procesos paralelos: el de negociación entre los actores políticos nacionales de un nuevo estatuto para la capital y el de la movilización de las conciencias y de los ciudadanos con ese mismo objetivo.

Hemos abierto el debate sobre las cuestiones fundamentales implicadas en este empeño: una carta de derechos de la ciudad amparada por los convenios y tratados internacionales, un nuevo equilibrio entre la democracia representativa y participativa, un reparto de poderes con vertiente parlamentaria, la reforma de la justicia, el desarrollo de organismos genuinamente autónomos en la ciudad, una relación respetuosa entre el gobierno local y los poderes federales, el tema histórico de la remunicipalización de la ciudad, que equivale a su democratización cabal, y la recreación de instituciones citadinas que sean antídoto del clientelismo y la corrupción. Esa es una tarea central e impostergable de la izquierda.

 

Diputado federal del PT



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