La capital secuestrada
@GabyCuevas
Por mucho tiempo, el discurso de los perredistas ha sido otorgar derechos plenos a los capitalinos y, cada vez que pueden, se pronuncian por impulsar una reforma política cuyo propósito sería dejar de tratar a las personas de la ciudad como ciudadanos de segunda.
Sin embargo, la semana pasada dejaron al descubierto sus verdaderas intenciones y evidenciaron que su único objetivo es preservar el poder político y económico que ejercen desde la Asamblea Legislativa (ALDF).
Durante las últimas sesiones de la Cámara de Diputados solicité, como presidenta de la Comisión del Distrito Federal, que se sometieran a discusión tres dictámenes que buscaban reformar el Estatuto de Gobierno para ampliar los periodos de sesiones de la ALDF, democratizar el funcionamiento de su Comisión de Gobierno y regular los viajes que realiza el jefe de Gobierno fuera del país.
Como era de esperarse, la bancada perredista en San Lázaro se opuso a la discusión de estas reformas arguyendo que el DF necesita una reforma política integral y no reformas a “cuentagotas” o parciales.
verdaderas razones
Durante los últimos tres años el PRD tomó el control de la Comisión de Gobierno, órgano encargado de dirigir el ejercicio de las funciones legislativas, políticas y administrativas de la Asamblea Legislativa Distrito Federal (ALDF).
Por un lado, aprobaron reformas para eliminar la rotación en la presidencia de la Comisión de Gobierno e impedir así que ésta fuera presidida por distintos grupos parlamentarios durante la legislatura. Por otro lado, impidieron transparentar el ejercicio de los recursos económicos que están a disposición de dicho órgano.
¿Y cómo no iban a evitar a toda costa que se transparentara el funcionamiento de la Comisión de Gobierno si a través de ella disponen de millones de pesos al año sin rendir cuentas a nadie?
De hecho, hace un par de meses EL UNIVERSAL dio a conocer que la Comisión de Gobierno de la ALDF “se reparte 28 millones de pesos en cheques que no requieren comprobación de gasto”.
Por lo que se refiere al desgastado discurso del PRD sobre una reforma política en el DF, debo decir que en noviembre del año pasado anuncié, junto con el Diputado Alejandro Encinas, que avanzaríamos en el análisis y aprobación de un proyecto de dictamen que contendría reformas de gran trascendencia como las siguientes: incluir a la ALDF en los procesos de reforma constitucional, facultar a los diputados locales para aprobar el endeudamiento del gobierno de la ciudad, crear un régimen de responsabilidades específico para los servidores públicos locales y acotar la competencia del Congreso de la Unión a aquellas materias o atribuciones que de forma expresa le otorgara la Constitución, entre muchas otras.
Sin embargo, los integrantes del PRD frenaron los trabajos en esta materia y, en oposición a lo que siempre argumentan, desatendieron las demandas de los ciudadanos. Ni siquiera con el apoyo del Diputado Encinas logramos que la Comisión de Puntos Constitucionales, curiosamente presidida por el PRD, se comprometiera a revisar el tema.
Y qué decir de su oposición a regular los viajes del jefe de Gobierno, sabiendo que Marcelo Ebrard ha visitado Alemania, Suiza, Japón, España, Dinamarca, Inglaterra y Estados Unidos, llegando a consumir hasta 36 mil pesos en “gastos de alimentación” tan sólo en un día y a pagar hospedajes de hasta 13 mil pesos por noche (según la Revista Contralínea).
Hablando claro
Durante los seis años que el PRD presidió la Comisión del Distrito Federal en la Cámara de Diputados, tanto en la 59 legislatura como en la 60, la productividad fue casi nula y se archivaron reformas de gran calado.
Ahora que PRI y PAN estábamos dispuestos a cumplir con nuestra obligación constitucional de revisar el Estatuto de Gobierno, el PRD rehuyó al debate y se opuso a otorgarle mayor dinamismo y participación a los grupos parlamentarios dentro de la ALDF, se opuso a transparentar los recursos de la Comisión de Gobierno y se opuso a la reforma política del Distrito Federal.
Los diputados locales continuarán derrochando el dinero público, seguirán sesionando tan sólo cinco meses al año y carecerán de facultades para fiscalizar los viajes que realice el próximo jefe de Gobierno. Por su parte, el PRD seguirá monopolizando las determinaciones que competen a las distintas fracciones parlamentarias en el seno de la ALDF. Ese es su gobierno de vanguardia.


