Sobre el Sistema Nacional de Investigadores
El 6 de diciembre de 1983, en el marco de una crisis económica comparable en cierta medida a la que vivimos actualmente, el entonces presidente de México, Miguel de la Madrid, respondiendo a las voces e inquietudes de la comunidad cientÃfica nacional, anunció la creación del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y un año después éste comenzó a funcionar. A 28 años de su fundación, se ha consolidado como una institución de gran relevancia tanto para la comunidad cientÃfico-académica mexicana, como para el crecimiento de nuestro paÃs en la producción de conocimientos y el desarrollo y profesionalización de muchas generaciones dedicadas a la investigación, la docencia y la innovación cientÃfico-tecnológica.
Se puede decir que las compensaciones salariales otorgadas por el SNI han cumplido, en cierta medida, su objetivo de minimizar la fuga de cerebros y la dispersión de los cientÃficos mexicanos, asà como motivar la superación de muchos investigadores. También, entre otras cosas, el SNI ha contribuido a elevar el nivel académico de sus integrantes al propiciar el aumento de los criterios cientÃficos y humanÃsticos para definir el rigor y calidad de los trabajos; ha creado una cultura de la evaluación transformando el modo de trabajar; y también ha orientado el desarrollo de polÃticas de apoyo que han impactado a las nuevas generaciones de cientÃficos.
Entonces, ¿el SNI ha conducido a la excelencia académica de la comunidad cientÃfica nacional, la ha consolidado y encaminado a su crecimiento deseado? En cierta medida sÃ, sin embargo aún queda mucho por mejorarse: no se ha resuelto la desigual distribución geográfica de las instituciones de investigación, de los posgrados de calidad ni de la residencia de los investigadores nacionales por estados e instituciones; no se ha trabajado para asegurar un retiro digno de sus integrantes, lo cual inhibe el cambio generacional y propicia un envejecimiento, tanto dentro del sistema como en los cuadros académicos en general; por falta de polÃticas con perspectiva de género hay una escasa incorporación de mujeres en el sistema (sólo 34%); falta que se promueva el trabajo transdisciplinario donde predomine la colaboración entre grupos e investigadores; se debe propiciar a la figura del profesor-investigador para estimular la calidad de la docencia, su rigor, originalidad y actualización; no se ha revertido la escasÃsima existencia de patentes y productos nacionales relacionados con innovaciones y con desarrollos tecnológicos, ni se ha fomentado la óptima vinculación de los investigadores con los diversos sectores productivos instalados en el paÃs.
Cabe señalar que los problemas del SNI no corresponden al desempeño de los investigadores, sino a las erráticas polÃticas federales y estatales, relacionadas a la ciencia, la tecnologÃa y la innovación. El gasto en ciencia y tecnologÃa en México es raquÃtico, entre los paÃses que conforman la OCDE México se ha ubicado, desde 2008, en los últimos lugares de inversión en estos rubros (nunca superando ni 0.4% del PIB, siendo el promedio de esta inversión en la OCDE de 2.28%).
Más allá de evaluar al SNI, cuestión pertinente y necesaria, hay que reprobar a la polÃtica nacional inadecuada que se ha mantenido desde hace décadas. El que los gobiernos federal, estatales y municipales, asà como el que los organismos del sector privado no apoyen la ciencia y la tecnologÃa mexicanas nos obliga a no cejar en el esfuerzo por promover una polÃtica nacional ex profeso, con clara visión de Estado y con compromisos de corto, mediano y largo plazo.
Directora de la Facultad de CienciasProfesor de la FFyL, UNAM


