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Esteban Moctezuma Barragán

Transparencia ante todo

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca. Fue secretario de Gobernación durante los primeros años del sexenio de Ernesto Zedill

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04 de mayo de 2012

Hay en la vida social y comunitaria ocasiones en que se le “pega al gordo”. Esto es, cuando un proyecto social da resultados muy por encima de los esperados. Éste es el caso de las Orquestas Sinfónicas Infantiles Esperanza Azteca, que se empezaron a crear en México a mediados de 2009.

No hay quien se resista ante el impacto que produce ver a un grupo de niñas, niños y jóvenes, entre los cinco y los 17 años, interpretar obras clásicas de Mozart, Beethoven, Arturo Márquez, Pablo Moncayo o Haendel.

La semilla sembrada hace apenas tres años germinó en un árbol frondoso que ya está ramificando en 54 orquestas, cada una con más de 200 integrantes, por lo que este mismo año las orquestas Esperanza Azteca abrigarán a más de 12 mil niñas y niños de escasos recursos.

Lo notable es que esos pequeños mexicanos se esfuerzan cuatro horas diarias en aprender lo que antes era ajeno a su vida. En tan sólo ocho meses todas las orquestas están capacitadas para dar un concierto debut estremecedor.

Si esto resulta asombroso, lo es más que en el proceso aprenden no sólo música, sino trabajo en equipo, búsqueda de la excelencia, disciplina, tolerancia y muchos valores que surgen en la práctica, más que en la prédica. El efecto es un aumento notable en la autoestima de todos estos chiquillos. Esta experiencia se está escalando y debe crecer cada vez más, para acercarla a cientos de miles de personas que encontrarán en la armonía musical una alternativa a la violencia, a las drogas y al desánimo.

Debido a que se construyó un esquema transparente de administración de los recursos y gracias al efectivo método empleado, se han logrado obtener recursos federales, estatales y privados que permiten el manejo de este importante proyecto.

Sin tener obligación legal alguna y en aras de que el crecimiento de las orquestas pueda garantizarse, porque nuestros niños de México lo merecen, Fundación Azteca creó un fideicomiso en una institución pública, con un Comité Técnico Plural, en un esquema transparente de rendición de cuentas.

El resultado es un proyecto público y privado, incluyente, en donde participan representantes de estados gobernados por todos los partidos políticos, niñas, niños y jóvenes de escasos recursos, maestros de todo el país, músicos invitados del exterior, sociedad civil de las localidades, patronatos de las distintas ciudades, en un esquema que demuestra que es posible construir entre todos y para todos.

Esperanza Azteca es fuente de aprendizaje, no sólo de los niños y sus familias, sino de toda la comunidad involucrada. Creo que el futuro de las sociedades, teniendo como aliadas a las redes sociales, que le dan voz a las mayorías, se está delineando en proyectos como el descrito. Lo que empezó como un proyecto local en Puebla, es ya un proyecto nacional. Lo que inició como un esfuerzo de una organización civil, es ya una comunidad que involucra a todos los sectores sociales y niveles de gobierno.

Es una política pública que no nació en el Ejecutivo, ni en el Congreso, sino en la ciudadanía. Pero que recibió el apoyo de aquéllos por mostrar en la práctica su valía. La nueva democracia está naciendo en quienes construyen y realizan proyectos sociales y ambientales concretos, porque la respuesta a quienes debilitan el tejido social es trabajar por fortalecerlo; ante quienes incitan a los jóvenes a la droga, es darles opciones que llenen su vida, sus expectativas y sus sentimientos; ante quienes esperan que papá gobierno haga todo, es tomar la construcción del futuro en nuestras manos.

emoctezuma@tvazteca.com.mx

Presidente ejecutivo de Fundación Azteca



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