5 de mayo: la lección

El secretario de Educación del estado de Puebla, Luis Maldonado Venegas, es originario de Veracruz. Casado, Trayectoria académic
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El parisino Charles Ferdinand Latrille, mejor conocido como el conde de Lorencez, llegó al puerto de Veracruz el 5 marzo de 1862, apenas dos meses después de haber salido de Francia con órdenes expresas de Napoleón III: invadir a México y obligar al gobierno de Benito Juárez al pago, por la vía de la fuerza, de su deuda externa con el gobierno francés.
“Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6 mil valientes soldados, ya soy dueño de México”, escribió en esos días Lorencez a Napoleón III.
La situación de México era crítica. Desde 1821, año en que se consumó su independencia, el país había resentido los estragos de una lucha casi permanente entre liberales y conservadores y la hacienda pública estaba al borde de la bancarrota. El 17 de junio de 1861 el gobierno suspendió por dos años el pago de todas las deudas para nivelar su presupuesto y atender urgentes necesidades de la población.
Aliados por el Convenio de Londres (31 de octubre de 1861), España, Inglaterra y Francia enviaron sus flotas a México para presionar la cobranza. España e Inglaterra negociaron con el gobierno juarista y se fueron en abril; Francia decidió atacar.
El 5 de mayo de 1862 Lorencez ordenó el asalto de los fuertes de Loreto y Guadalupe, que guarecían la ciudad de Puebla y cuya defensa estaba a cargo del general Ignacio Zaragoza. Ordenó tres ataques contra los fuertes y las tres veces fue rechazado.
Las tropas napoleónicas sufrieron ese día una estrepitosa derrota militar. La victoria de Zaragoza sorprendió al mundo y aun consiguió mucho más: fortaleció la unidad y el espíritu nacionalista de los mexicanos cuando se cernían sobre la patria negros nubarrones. Lorencez, humillado y vencido, regresó a Europa en diciembre de ese año.
Ésa es la fecha histórica que hoy celebran Puebla y todo México: el triunfo de la razón y de la unidad ante la adversidad, por encima de intereses que no sean los de la nación.
La Batalla de Puebla sembró una semilla que habría de germinar y dar fruto cinco años después, en 1867, con la plena restauración de la República y el aniquilamiento del efímero Segundo Imperio. Y dejaría una gran lección para la posteridad: el respeto a la soberanía, no agresión, la no injerencia en asuntos de otros Estados y la coexistencia pacífica vía el diálogo, jamás por la fuerza, son los cimientos de toda paz duradera.
luismaldonadovenegas@hotmail.com
Secretario de Educación Pública del estado de Puebla


