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Javier Vargas

La fama es un trozo de nada

Javier Vargas Pereira es profesor y periodista especializado en ajedrez. En Chile, su país natal, fue dirigente estudiantil unive

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28 de abril de 2012

rjavier_vargas@terra.com.mx

El deporte ofrece la posibilidad de obtener fama, poder y dinero. Muchos atletas se convierten en celebridades admiradas por miles o millones de personas, lo que es fomentado por los clubes y acrecentado por los medios de comunicación. El escritor estadounidense Henry Louis Mencken decía: “una celebridad es alguien conocido por muchas personas a las que se alegra de no conocer”.

Fama y dinero suelen crear espejismos que ciegan o deslumbran. El ex futbolista mexicano Félix Fernández Christlieb, en un artículo publicado en el libro Hambre de gol, reflexiona: “la frontera entre ser conocido y ser famoso es imperceptible, pocos la cruzan y pocos la asimilan… El famoso no tiene manchas de salsa en la camisa, ni lagañas, ni coche viejo… Qué triste es ver a la gente que se ahoga en su propia fama, aquellos que incluso llegan a creer que la popularidad les ha cambiado el rostro y ahora son guapos, monas vestidas de seda. ¡Pobres de los que compraron terreno para fama porque no podrán construir! Pobres, porque tarde o temprano se darán cuenta de que es un espejismo”.

Si hay méritos, ser célebre es un derecho; si no, simple vanidad. Merecida o no, la fama suele perturbar a los débiles de carácter, quienes poco a poco se convierten en adictos. Sobrellevarla supone transitar por caminos espinosos, agobiantes y, con frecuencia, sin retorno. El poeta griego Hesiodo, quien vivió en el siglo VIII (A de C) dijo: “La fama es peligrosa, su peso es ligero al principio, pero se hace cada vez más pesado el soportarlo y difícil de descargar”.

La buena fama es un tesoro, aunque sus beneficios no se obtienen sin esfuerzo. Según José Ingenieros, “hay que cultivarla como un fuego sagrado, evitando que la envidia la cubra con su pátina de ignominia”. El escritor español Miguel de Cervantes Saavedra (1547- 1616) dijo: “Una onza de buena fama, vale más que una libra de perlas”. Por el contrario, la mala fama trae disgustos y quebrantos. Según el escritor colombiano Gabriel García Márquez, “lo único peor que la mala salud es la mala fama”.

Pero no siempre los famosos poseen las virtudes que sus fans les atribuyen. El escritor y científico alemán Georg Christoph Lichtemberg (1742-1799) advirtió: “A la gloria de los más famosos se adscribe siempre algo de la miopía de sus admiradores”. Por eso el historiador escocés Thomas Carlyle (1795-1881) decía: “Es bueno admirar a los que han triunfado, pero no hay que rendirles culto como si fueran personas distintas a nosotros. Usted puede también obtener triunfos como ellos. Ellos creyeron que podían obtener lo mejor y lo obtuvieron. Observe cómo son las actitudes de las personalidades triunfadoras, son positivas, creyeron que el éxito era posible y fue posible, en eso es en lo que sí son superiores”.

Sin embargo, el escritor español Fernando Arrabal dice: “La fama es un trozo de nada que se agarra al vuelo sin saber por qué”.



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Editorial EL UNIVERSAL Golpe oculto a la competencia


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