La experiencia de empujar una reforma
Maestra en PolÃticas Públicas, Universidad de Concordia, Canadá. Fue servidora pública en el Instituto Federal Electoral (IFE
Más de Maite Azuela
La Reforma Política aprobada en la Cámara de Diputados es una versión minimalista. Ahora se va a los congresos locales, donde deberá ser ratificada por la mitad de ellos más uno. De la avalancha de propuestas que las organizaciones ciudadanas impulsaron desde 2009 quedó una reducción agridulce. En caso de que el PRI no instruya a sus congresistas locales a bloquearla, nos dejarán tres elementos con los que se puede impulsar a nivel federal la participación política, por rutas ajenas a la militancia partidista.
Estos tres caminos para materializar la participación ciudadana quedaron cuesta arriba, pero algo se avanzó. Se constitucionalizó la figura de Iniciativa Popular, para la que se determinó un umbral del 2% del Registro Federal de Electores. Esto implica que los ciudadanos sin partido, para ingresar iniciativas de ley a las cámaras, tendremos que reunir un mínimo de cien mil firmas, aproximadamente.
En el caso de la Consulta Popular (sistemáticamente bloqueada por el PRI), será necesario que la solicite el 2% del padrón electoral; y para que resulte vinculante, deberá ser votada por el 40% del mismo, lo que equivale a 32 millones de mexicanos. Al menos se ganó la pelea para que pueda realizarse el mimo día de la jornada electoral, pese a que la bancada priísta insistió en que eso no sucediera.
La figura de Candidaturas Independientes tendrá que definirse en la regulación secundaria. No será tarea sencillo imaginar las condiciones de financiamiento, acceso a medios y candados para evitar que se conviertan en el plato de segunda mesa de aquellos precandidatos que no resulten elegidos dentro de sus partidos.
El PAN insiste en que su propuesta inicial de Reforma Política iba dirigida al empoderamiento ciudadano. Sin embargo, en ella se intercalaban puntos dirigidos a fortalecer al Poder Ejecutivo frente al Legislativo, mientras que se omitieron puntos centrales como la conformación flexible de nuevos partidos políticos, la reducción de su financiamiento, su inclusión como sujetos obligados de la ley de transparencia, el valor jurídico del voto nulo y la revocación de mandato.
Afortunadamente no quedó aprobada la reconducción presupuestal, ni se incorporó la ya famosa “clausula de gobernabilidad” que buscaba elevar artificialmente el apoyo del congreso para el presidente. Incluso se eliminó la cláusula que tenía la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, así que se ve lejano el sueño de Enrique Peña Nieto para simular mayorías que apenas alcanzan el tercio.
La relección fue uno de los temas que mayor resistencia causó entre los diputados del PRI, mientras para los diputados del PRD es una figura deseable siempre y cuando se contrarreste con la revocación de mandato. No fue sencillo convencer al PRD, que junto con el PT y Movimiento Ciudadano se oponía a la reelección en tanto la miraban más como un privilegio para el representante que como una garantía para el representado. Con el PRI, la discusión sobre reelección fue siempre topar con pared: nunca escuchamos un argumento sólido. Su oposición irracional llegó al grado de atentar contra el federalismo que abanderan en sus estatutos: impidieron, como se establecía en la propuesta, que fueran los propios estados y municipios quienes decidieran si la reelección debía aplicarse en sus territorios.
Nueva Alianza nunca tuvo una postura: asintió y negó con el PRI. Y el Partido Verde nos aplicó una jugarreta digna de recordar. Convocó a reunión con toda su bancada para comprometerse a firmar los puntos de participación ciudadana que se incluían. Fue sorprendente ver a tantos jóvenes legisladores firmando un compromiso con tanta libertad. Pocas semanas después votaron contra la reelección. Nos demostraron que su firma y su palabra no tienen ningún valor.
Si somos optimistas, podemos resaltar dos elementos que permitieron los pequeños avances. El primero fue sin duda la participación de ciudadanos que durante tres años no se cansaron de insistir y presionar para que algún cambio se le hiciera a este sistema político caduco. El segundo elemento y el más importante fue la pluralidad de un congreso que, sin la mayoría de un solo partido, se vio obligado a escuchar a sus electores, a dialogar y debatir con ellos. El PRI hizo como que escuchaba y nunca movió su postura. El papel de PAN y PRD fue de permanente diálogo y estuvieron dispuestos a ser convencidos. Es un paso pequeño pero definitivamente esperanzador.
@maiteazuela
Analista política y activista ciudadana


