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Élmer Mendoza

Veit Heinichen

Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programa

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26 de abril de 2012

Veit Heinichen es un autor alemán nacido en Villigen-Schwenningen en 1957; vive en Trieste, Italia, donde se desarrollan sus novelas policiacas, entre ellas La danza de la muerte, que pone ante nuestros ojos al comisario Proteo Laurenti, un detective a la manera de Philip Marlowe y Sam Spade, en plena madurez, inteligencia e ironía, a quien persigue su propia temeridad. Traducida por Isabel García Adánez al español, fue publicada por editorial Siruela en 2008. Que Trieste sea una ciudad fronteriza con Eslovenia es factor importante en la historia y contribuye a la verosimilitud que se fortalece con la manera detallada en que el autor desarrolla los porqués, los paraqués, el paisaje urbano y la convivencia de ambas nacionalidades: una afortunada y rica, la otra en plena sobrevivencia y misteriosa.

Laurenti quiere detener a una banda de extranjeros que cobran por dejar trabajar a otros extranjeros pobres, ¿dónde han escuchado esto antes? Sin embargo, una bomba de baja potencia en un céntrico edificio y un asesinato relacionado con espionaje industrial lo llevará a él, a su colaboradora Pina Cardareto y a parte de la policía de la ciudad, a enfrentar a Viktor Drakic y a su hermana, antiguos y poderosos enemigos. La historia está salpicada de detalles y personajes curiosos: los avisos ofensivos que le dejan a Pina en papeles de su propia basura, y Galvano, un forense jubilado que hace todo lo posible por participar. “También el mundo del crimen organizado es un pañuelo”. Asimismo, aparece contrabando de armas y manejo fraudulento de residuos tóxicos como fuente segura de riqueza y poder en una región fronteriza.

Heinichen nos entrega una novela intensa y equilibrada. Laurenti tuvo una amante y su mujer tiene un pretendiente muy propositivo. El comisario es exitoso y Drakic también. Tatjana Drakic es muy bella y tan astuta como Pina, que es chaparra, fea y nada delicada. Sobre esa base la historia se desarrolla sin perder intensidad ni desdibujar a ninguno de sus personajes. El mismo título hace referencia a las piezas teatrales de la Edad Media, donde los poderosos pretendían comprarle tiempo a la muerte. Desde luego, en la novela se convierte en una metáfora de lo posible como línea de escritura. Corre bastante vino de la región y comidas como “Profumo d’state… pesto hecho con cinco tipos distintos de tomillo y un poco de estragón, riccotta ahumado y aceite de oliva, calamares y gambas ahumados en frío, daditos de patata marinados en zumo de limón con una pizca de azúcar de vainilla, cocidos al dente, etc.”, y otras delicias.

Un autor que sabe de cocina sabe de tramas. Además, Heinichen consigue rápidamente que sus personajes se vuelvan entrañables y es fácil seguirlos en el vórtice múltiple en que la novela se convierte de inmediato por los choques constantes de los opuestos. Desde luego, la ciudad es importante, no sólo por ser el espacio donde la acción tiene lugar, sino por su perfil cultural y científico que funciona como telón de fondo. Aunque Pina es muy formal, Laurenti, “que tiene más suerte que sentido común”, deja que la vida proponga, aunque no pocas veces se expone más de la cuenta y paga las consecuencias. La novela avanza veloz, su juego de enigmas es perfecto y en todos el lector está involucrado. Cada capa de la cebolla que se elimina deja un aspecto al descubierto pero presenta un nuevo punto en el elemento perturbador que se resolverá al final.

La danza de la muerte es una novela para lectores epicúreos. Cuerpos hermosos y sensuales, apetitosas comidas, bebidas vigorizantes, paseos emocionantes, paisajes estrujantes, costumbres ancestrales; seres capaces de todo para conseguir sus objetivos. Trama atiborrada de elementos fronterizos y una lucidez narrativa que se palpa en cada página. Desde luego que hay humor, y frases como: “no agarres la sartén por donde quema”, “una copa más nunca podía sentar mal”, “quien pone límites a su pensamiento no avanza” y otras que consiguen que uno se olvide de las piernas nacaradas de Marietta, la atractiva secretaria de Laurenti.

Veit Heinichen es un autor que deslumbra; jamás pierde el control del texto y no hay momentos casuales en su novela; es hábil creando atmósferas donde los hechos ocurren en el momento preciso. Claro, sus personajes operan sobre una realidad tan determinante que a nadie convendría sacarlos de ella. Son absolutamente vitales. No hay duda de que La danza de la muerte viene a enriquecer nuestro concepto de la novísima literatura policiaca europea, más allá de los narradores que llegaron del frío.



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