India, la prueba del misil y la carrera armamentista
La paz mundial pasa por momentos complicados. Esta semana, la India lanzó un misil de capacidad nuclear para ostentar que hoy puede alcanzar hasta 5,000 kilómetros, suficientes para atacar objetivos clave en su entorno. China, intentando minimizarlo, indicó que la India no es su oponente, sino su socia. La verdad es que India quiere exhibirse ante China. Corea del Norte quiere mostrarse ante Corea del Sur, Japón y Estados Unidos. Irán quiere enseñar el músculo ante Israel e Israel necesita afirmarse frente Irán. Y todos quieren ser vistos por todos los demás. Los unos temen a los otros, y los segundos a los primeros. Estos temores se forman en parte por realidades y en parte por percepciones sujetas a distorsiones. El problema es que las percepciones y los temores se traducen en políticas y acciones, que a su vez están destinadas a producir otras percepciones en los enemigos o competidores. Eso es lo que define una carrera armamentista.
Dos temas resaltan: El primero es que si esto está sucediendo es debido a que hoy existen múltiples polos de poder que consideran que su seguridad está dependiendo de la disuasión de aquellos a quienes perciben como enemigos. El segundo tema, y quizás central, es que en el largo plazo, Estados Unidos no ha sido el necesario e indiscutible triunfador de eso que se conoció como el nuevo orden mundial. Y es justamente la debilidad estratégica que la potencia hegemónica y global ha estado exhibiendo, lo que por un lado genera incertidumbres, y por el otro invita a que los vacíos sean cubiertos por actores emergentes.
Se ha discutido mucho acerca del potencial declive de Estados Unidos como máximo poder planetario. Ciertamente en asuntos de larga duración, sobre todo cuando uno se encuentra en medio de los torbellinos, es difícil determinar en qué momento preciso nos ubicamos en la curva de la historia de la gran potencia. Pero hay verdades que son tan simples como patentes. Desde la perspectiva financiera, EU no sólo tiene hoy la deuda más elevada de toda su historia, sino que opera con un insostenible déficit fiscal, lo que significa en palabras sencillas, que de no recortar sus gastos en diversos rubros, esta deuda seguiría creciendo permanentemente. Este factor le obliga a operar sin la flexibilidad de otros momentos del pasado, lo que tiene repercusiones geopolíticas. Las decisiones en materia de presupuesto militar durante los próximos años tienen que ser a la baja, no hacia la expansión. Así de fácil: los dineros cada vez alcanzan menos. Las bases militares deben ser recortadas. Las operaciones militares, como es el caso de Afganistán, deben reducirse. Embajadas tan importantes como la de Bagdad, la más grande del planeta y a la que se encarga la misión de vigilar los intereses estratégicos de Washington una vez que las tropas se retiran de Irak, deben ser achicadas. La presencia estadounidense en Asia, como consecuencia, se ha estado adelgazando y se va a continuar reduciendo durante los próximos años, a pesar de movimientos y ejercicios que se desplieguen en el corto plazo para aparentar que no es así.
Ante esta situación, se produce un vacío que otros actores están intentando llenar. Por ejemplo, independientemente de lo que nosotros podamos opinar al respecto, diversos reportes confirman que China está valorando a Estados Unidos como una potencia en declive. Y en estos temas, lo crucial no es definir cuándo es que China alcanzará o no a la economía norteamericana, sino el resultado de la apreciación de los dirigentes chinos. Al entender a EU como superpotencia en decadencia, China se auto-percibe como un natural sustituto de algunos de los vacíos que la circunstancia crea, al menos en su esfera de influencia. Estados Unidos reacciona ante ello a veces con distancia y respeto, en otras con acciones disuasivas o que intentan contener al creciente poder de Beijing. Ahora mismo, el Pentágono ha incrementado sus tropas y ejercicios en el Pacífico para mostrar que su capacidad sigue tan vigente como siempre. Sin embargo, la debilidad estructural de Washington es relacionada por otros actores, como la India, con el inevitable ascenso del dragón. Nueva Delhi siente la necesidad de ocupar su propio espacio en el vacío generado y toma la decisión de exhibir también su propio potencial.
La historia en el largo plazo nos enseña muchas veces sus grandes continuidades, otras sus momentos de ruptura. Los períodos más confusos son los de transición, aquellos en donde el pasado convive -no siempre en armonía- con el presente y con el futuro. Quizás, sabiéndolo o no, ahí es donde nos encontramos.
@maurimm
Internacionalista


