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Andrés Lajous

La autosuficiencia en bicicleta

Andrés Lajous es maestro en planeación urbana por el Massachusetts Institute of Technology y activista político. Actualmente e

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20 de abril de 2012

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Cualquiera que decida usar la bicicleta como medio de transporte, pronto se da cuenta que es una experiencia que te hace reflexionar sobre una forma de autosuficiencia. Pedaleas. Cambian las pendientes de las calles. Sientes cómo tus músculos se tensan.

Tu atención se pierde en los milimétricos cálculos que haces sobre lo que roza el borde del volante cubierto por tus manos. Estás ahí, en ningún otro lugar. Pasas a un lado de los coches, imaginando que puedes prever sus movimiento con la más diminuta señal. El aire entra a tus pulmones y a ratos raspa de distinta manera en tu nariz, y en tu pecho. Algo de sudor hace presencia en tus sienes, un par de gotas logran bajar y desaparecer a un lado de tu oreja. No sudas demasiado, pero suficiente para saber que estás haciendo un esfuerzo. Vuelve a cambiar la pendiente. Sabes que estás tan lejos que no puedes regresar y cambiar de medio de transporte. No imaginaste la subida que te enfrenta, y te dices: “¡para qué me vine en bicicleta!”. Es la subida la que te hace dudar de si eres capaz de llegar a tu destino. Sigues pedaleando porque no puedes hacer otra cosa. Tienes coches atrás, peseros enfrente y una banqueta que no sirve para mucho excepto para que se sepa que ahí van los postes y las rampas de salida.

Es difícil de evitar algo de tensión en los largos trayectos de bicicleta en la ciudad. Sin embargo, después del esfuerzo te viene la autosuficiencia a la mente. Cierras los ojos, los abres; ves cómo tus pies mueven los pedales, estos giran la cadena que hace que la llanta de atrás de vuelta y te cargue. La máquina no es del todo una máquina, sólo permite que puedas cargarte a ti mismo. Son tus músculos, tus piernas, tus pulmones, tu atención. Tu suficiencia. Nada más.

Agarras confianza frente a los automóviles y camiones. El tráfico te irrita. Rebasas por la banqueta. En un tramo pequeño te metes en sentido contrario para ahorrarte una vuelta. Te detienes. Te das cuenta que haces algo parecido a lo que tanto te molesta de los coches. Te preguntas, ¿qué tantos ciclistas se meten en sentido contrario? ¿Cuántos andan por la banqueta? ¿Por qué?

La Secretaría de Medio Ambiente del DF comisionó conteos anuales para saber si ha tenido éxito o no su campaña de promoción del uso de la bicicleta. En los conteos hay buenas y malas noticias. La buena noticia es que hay una explicación razonable sobre la violación de algunas reglas de tránsito por parte de ciclistas, al mismo tiempo que, entre 2008 y 2010, se redujo (si es que cambió) el porcentaje de ciclistas en sentido contrario (de 22% a 19%) y sobre la banqueta (de 8% a 6.6%). Una parte de la explicación, sin duda es la experiencia acumulada (y esa sensación de autosuficiencia). Otra parte, es la escasa presencia de infraestructura para bicicletas (la sensación de vulnerabilidad). No es casualidad que entre más viejo o más joven más se violan estas reglas (también más mujeres, lo cual puede estar explicado simplemente porque hay menos mujeres ciclistas y que es menos probable que quienes hoy son ciclistas, lo hayan sido antes). Visto así, la infraestructura para bicicletas no sólo sirve para que los ciclistas se sientan menos vulnerables, sino para que respeten más las reglas de tránsito, y por tanto también las y los automovilistas estén más seguros.

El segundo dato, que merece una interpretación más compleja es que, según los conteos, se redujo el número de ciclistas en el DF en esos años (dentro del error muestral) no está claro el motivo de la reducción o de la ausencia de variación. Una explicación es la metodología que usó la consultora ISA. Al escoger ciertos cruces y repetir ahí cada año los conteos, subrepresenta los viajes “intracolonia” y sobrerepresenta los viajes “intercolonia”. Fuente de esta sospecha es otro conteo, sólo de Ecobici, en donde el incremento de ciclistas observado en un perímetro es clarísimo. A su vez, ese sesgo confirma las limitaciones y errores de la política de promoción de uso de la bicicleta del GDF: se ha promovido la bicicleta sólo como un complemento a otros medios de transporte, y no como una alternativa, como un medio autosuficiente.



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