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Porfirio Muñoz Ledo

Transición y olvido

Ex embajador de México ante la Unión Europea. Su trayectoria política es amplia y reconocida: fue fundador y presidente del PRD

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17 de abril de 2012

En celebración del 81 aniversario de la República española un grupo de hijos y nietos de exilados organizó un emotivo homenaje a las víctimas del franquismo y un reconocimiento al juez Baltasar Garzón por su compromiso con la justicia histórica. Tuve el honor de leer una carta suya, por la que quiso participar “aunque sea en la distancia física, pero en la proximidad del corazón por los ideales de verdad y reparación de los crímenes de la dictadura franquista”.

La ocasión fue de añoranzas y reencuentros. Me agradó en particular compartir tribuna con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de quien subrayé las luchas que juntos libramos por el rescate del país y que están en registro histórico. Destaqué el carácter festivo de un encuentro para —con pala y todo— desenterrar la memoria: poesía, música y danza, a manera de exorcismo comunitario. Recordé el lema en voz alta de los indignados que recorre el mundo: “si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”. Dentro de la sinfonía de identidades que componen a la nación estábamos rescatando un linaje, mas no el de una raza o cultura, sino la estirpe moral que a todos nos comprende y abraza. El secreto mismo de la mexicanización de la República Española y de su carácter universal. También la diferencia entre celebración y protesta. Lo nuestro quiso ser prueba de vigencia y acto exigencia.

Pertenezco a una generación de mexicanos que no llegó al conocimiento de la República por el relato sino por la poesía. Noches interminables recitando a Lorca, Machado, Neruda y sobre todo César Vallejo. Es un hecho rotundo y tiene la perfección del ideal. Se nos trasmite también por la cátedra de los trasterrados como concreción de la Utopía de los grandes humanistas Soto, Vitoria, Suárez, Las Casas. Como el espejo de la España ilustrada y generosa, redentora de aquella oscurantista y represora que nos lastima y hiere.

Expliqué la función de pentagrama del socialismo democrático que tuvo el régimen decapitado: su talante radicalmente igualitario condensado en su concepción de república de trabajadores, su definición libertaria vía una laicidad militante que promueve todas la libertades en tierras de la Inquisición, su afán democratizador más allá de la supremacía parlamentaria por la devolución del poder a comunas, municipios, autonomías —a quienes mataron al comendador en Fuente Ovejuna— por su apuesta a la soberanía de los pueblos.

La República fue un gran hecho cultural, por su decisión irrevocable de desterrar la ignorancia y por la pasión redentora que puso en la universalización de la escuela y la difusión de música, libros, teatro y pintura. Quiso trasladar a una generación de españoles de un siglo a otro por el conocimiento. La más visionaria de las hazañas del general Cárdenas fue su apoyo irrestricto al exilio republicano. Colocó nuestras propias luchas en el nivel moral de la historia, nos devolvió lo mejor de España y contribuyó a reconstruir la identidad mexicana: a la abolición del trauma de la conquista.

Nunca he estado en cambio de acuerdo en el modo con que disolvió nuestro Gobierno sus vínculos con la República. Éramos su sede territorial y algo pudimos haber hecho para que se preservaran sus valores en la democratización de España. En reciente aniversario del exilio comentaba con Tomás Segovia que la apología excesiva puesta en la transición sirvió para el olvido de la República y evitó deslegitimizar a la dictadura.

La amnesia es la peor consejera de la democracia. El Estado de derecho no se afinca si no se restablece justicia hacia el pasado y quedan impunes faltas de lesa humanidad. Por ello es de todos la batalla de Garzón.

 

Diputado federal por el PT



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Editorial EL UNIVERSAL Economía en cámara lenta


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