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Editorial EL UNIVERSAL

EU: replantear la lucha anticrimen

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los de

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13 de abril de 2012

La batalla contra el crimen organizado es, hoy por hoy, uno de los más grandes retos que enfrenta América Latina. Por ser un fenómeno transnacional, la cooperación de todos los países del continente resulta indispensable. Más aún, la participación de Estados Unidos, principal proveedor y consumidor de las mafias al sur del río Bravo, es clave.

El vecino del norte es, además, la mayor potencia económica y militar del mundo. Es lógico pensar que sus posibilidades de acción son más amplias. Si bien Washington ha mostrado cierta disposición e interés en otorgar recursos, tecnología y asistencia en esta lucha, el compromiso de la administración de Barack Obama no ha correspondido con el tamaño del problema y de la responsabilidad del gigante norteamericano.

Pese a que Obama asegura que en su administración se han invertido más de 30 mil millones de dólares para reducir la demanda de drogas ilegales en su país, la realidad es que Estados Unidos sigue siendo el mayor consumidor de estas sustancias en el continente, y atender el problema únicamente desde la perspectiva policial y de consumo no basta para llegar a buen puerto.

Atacar el lavado de dinero, por ejemplo, debe ocupar también un lugar preponderante en la estrategia. Hasta ahora no se ha establecido un mecanismo fuerte y efectivo que minimice esta práctica hasta su mínima expresión. No hay que olvidar que, de acuerdo con la ONU, 70% de los 72 mil millones de dólares que genera anualmente el tráfico de cocaína se queda en los países consumidores, es decir, Europa y EU.

Algo semejante ha ocurrido con el tráfico de armas, componente esencial del tema. Desde Washington han surgido señales débiles para regular esta actividad. Las iniciativas de control de armas de asalto se han topado con la feroz oposición del lobby armamentista y de los conservadores más pétreos.

El narcotráfico, responsable en gran medida de los niveles de criminalidad en Latinoamérica, opera como una actividad fundamentalmente económica, y debe atendérsele también —más no solamente— como tal. La crisis financiera ha convertido a la industria de las drogas en una fuente de empleos, y es momento de que, para evitarlo, todas las naciones de la región implementen medidas que rompan esta lógica de oferta y demanda.

La creación de empleos y el diseño de tratados comerciales que fortalezcan las economías formales de la región es un buen comienzo. En panoramas económicos tan complicados como el presente, las regiones deben nuclearse y trabajar en conjunto. A cada país le corresponde una pieza de la solución en el combate al crimen.



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