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Ricardo Raphael

Defensa de la representación proporcional

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública p

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09 de abril de 2012

Miro las propuestas de los dos candidatos punteros y me interpela su coincidencia a propósito de disminuir en cien las curules plurinominales de la Cámara de Diputados. El argumento más común en México contra el principio de representación proporcional se relaciona con una supuesta injusticia: quienes obtienen tales cargos no hacen campaña —no trabajan para obtener el voto popular— y aparentemente logran ventaja para ellos sólo gracias a la designación desde la cúpula partidaria. Luego, reza el refrán de la simplicidad, para acabar con la “partidocracia” hay que disminuir los asientos plurinominales.

No sobra aquí revisar la consecuencia última de la iniciativa impulsada por Peña Nieto y Vázquez Mota en sus plataformas programáticas. Tampoco debe pasar inadvertido el motivo por el que el tercer candidato, Andrés Manuel López Obrador, desatendió esta pretendida demanda popular.

Primero una reflexión que, desde la ciencia política, resulta razonable: los principios de mayoría relativa y representación proporcional corresponden, cada uno, a una concepción distinta de democracia. El primero asume a la democracia como gobierno de las mayorías. El segundo prefiere un Estado donde mayorías y minorías puedan acomodarse para incorporar a un número amplio de personas.

Fue Maurice Duverger el primero en sugerirlo: mientras el principio de mayoría relativa excluye, el de representación proporcional amplía el arco de identidades, regiones y poblaciones reflejadas en los espacios donde se toman las decisiones del poder.

Según el politólogo francés, en los países donde privan las candidaturas de mayoría suele ocurrir que sólo dos partidos gobiernan las instituciones. En cambio, donde la representación proporcional se refleja en los votos ocurre el multipartidismo.

Estados Unidos e Inglaterra son países donde impera el primer principio; de ahí que republicanos y demócratas ocupen la casi totalidad del espectro político estadounidense y que en Gran Bretaña suceda algo parecido con laboristas y conservadores.

Lo que explica la pobre representación del Partido Liberal en el segundo país, aun si tal fuerza política cuenta con más de 15% de preferencias, es precisamente que las candidaturas plurinominales no están permitidas. En contraste, si Holanda, Polonia, España y varias otras naciones muestran una extensa gama de vehículos partidarios es justamente gracias al principio de representación proporcional.

En esta hebra de ideas se entiende por qué Andrés Manuel López Obrador, no es partidario de eliminar las curules plurinominales. De llevarse a buen puerto la iniciativa, el PRD y también el resto de los partidos minoritarios tenderían a desaparecer del mapa político mexicano. Esto es así porque sólo el PAN y el PRI tienen presencia en los 300 distritos de mayoría que configuran nuestro mapa electoral.

Ahora bien, la representación proporcional no sirve únicamente para promover un sistema de varios partidos; en su consecuencia más deseable, como ya se advirtió, es canal de participación para las distintas minorías regionales, étnicas, etarias, temáticas, identitarias, sexuales y todo un largo etcétera producido en el tiempo por las sociedades diversas.

Como se observó recientemente en los procesos de selección interna de los partidos donde se utilizaron mecanismos mayoritarios (PAN y PRI), es difícil que una mujer gane cuando la maquinaria es ciega frente a la especificidad. Lo mismo suele suceder con una persona con discapacidad, una indígena o un integrante de la comunidad LGBTTTI.

De proceder a disminuir cien curules plurinominales, la desembocadura será excluir a estas y otras minorías de la representación política: a las personas que pertenecen a grupos en situación de vulnerabilidad se les terminaría lastimando aun más su derecho a ser votadas.

Aquí una propuesta para Peña y Vázquez Mota: que mantengan las cien curules plurinominales, pero que se imponga un candado para que sea a través de ellas que las minorías del país (quienes tienen sus derechos disminuidos) participen en el acceso a la representación popular. Cien curules para las personas que en México aún no están representadas podría hacer la diferencia para que la diversidad social mexicana sea también diversidad política a la hora de gobernar.

 

Analista político



Editorial EL UNIVERSAL Infancia cercenada


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