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Susana Chacón

De la Madrid y la política exterior

Editora de Foreign Policy, Edición Mexicana, y profesora de Posgrado del Tec de Monterrey. Es Secretaria del Club de Roma, Méxic

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08 de abril de 2012

Adiós, don Miguel. Gracias siempre por su amable presencia en el Club de Roma.

La política exterior de Miguel de la Madrid fue una política de Estado. Tuvo líneas de acción definidas en una estrategia económica, política, diplomática y juridicista. Fue integral. Utilizó instrumentos novedosos como el cabildeo, el manejo de los medios extranjeros para mejorar la imagen con el exterior y la diplomacia comercial. Incluyó a empresarios, académicos, a miembros de la sociedad civil y a los nuevos actores en muchos de los procesos de decisión de las relaciones internacionales del país. Construyó canales de comunicación para conectar a México con los crecientes temas globales.

Al manejo de la crisis de la deuda externa de 1982 a 1988 le siguió el ejercicio de la diplomacia multilateral, con el proceso de paz de Centroamérica y, en particular, con la instauración del proceso de Contadora. En el primero, en el problema de la deuda, se construyó un proceso múltiple de negociación. El secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, y Ángel Gurría negociaron, desde agosto de 1982, en un proceso que saltó todo tipo de obstáculos. En primer lugar, en menos de 15 días negociaron con más de 400 bancos, de todos tamaños y en todos los continentes. No existía entonces un comité central de bancos ante el que se pudieran presentar las necesidades del país. Se tenía que negociar con cada uno en forma individual. Se fomentó la creación de un comité de bancos con carácter internacional. Se pasó a una negociación multianual para permitir una mejor recuperación de la economía nacional. Se negoció con los países latinoamericanos en el esquema del Proceso de Cartagena, pero el gobierno de De la Madrid optó por las negociaciones caso por caso, ya que las capacidades de recuperación y las posibilidades de pago diferían en función de los recursos y niveles de desarrollo de cada país.

Con De la Madrid, México fue miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Porfirio Muñoz Ledo fue ahí el representante del país, junto con Silva Herzog, y al observar las condiciones de interdependencia mundial, planearon como carta de negociación de deuda la herramienta de la “moratoria”, pero, como tal, como estrategia de negociación y para lograr que el sistema financiero internacional respetara los intereses de México. De la Madrid optó por una estrategia más prudente y consecuente con el sistema internacional, encabezada por Gustavo Petriccioli y Carlos Salinas de Gortari. Justo después del temblor del 85, al finalizar la reunión anual del FMI en Tel Aviv, el secretario del Tesoro de EU, James Baker, presentó el Plan Baker para solventar el problema de deuda. México entró entonces en el proceso de neoliberalismo económico que profundizaría Carlos Salinas de Gortari.

En cuanto a la diplomacia multilateral, el canciller Bernardo Sepúlveda construyó el proceso de paz de Centroamérica con Contadora. Joya de la diplomacia mexicana que incluyó a los principales actores de la región en el marco de anteponer el desarrollo regional frente a la amenaza del socialismo. Tejieron lo multilateral respondiendo a los intereses de cada país y ampliando la naturaleza de grupo inicial en lo que conocemos como el Grupo de Apoyo o G8. Contadora se convirtió también en un proceso de contrapeso en la negociación con Washington y con el gobierno de Ronald Reagan para los temas financieros, pero también para los específicos de la agenda bilateral tales como migración, narcotráfico y comercio. Así como el presidente de EU cuenta con el contrapeso del Congreso en el modelo de “pesos y contrapesos”, en México, al no tener un contrapeso similar, Relaciones Exteriores jugó dicho papel. Miguel de la Madrid llegó a frenar algunas presiones de Reagan con las decisiones de Sepúlveda. A EU le convenía reducir sus presiones financieras antes que castigar a Sepúlveda por sus propuestas centroamericanas. Esto permitió a De la Madrid manejar con mayor prudencia el tema de la amenaza de los refugiados en la frontera sur del país.

Una de las últimas decisiones de su política exterior fue elevar a rango constitucional los principios tradicionales de política exterior. Surgieron con Carranza durante la Revolución Mexicana y fueron desde entonces lineamientos y pilares del comportamiento con el exterior. Miguel de la Madrid los incluyó en el artículo 89 de la Constitución.

Les adelanto que en Foreign Policy, edición mexicana, en su número de abril-mayo 2012, se presentan tres propuestas de política exterior de los principales candidatos presidenciales. Ojalá que quien gane llegue, como don Miguel, a instrumentar una política exterior de Estado.

Secretaria de la sección mexicana del Club de Roma



Editorial EL UNIVERSAL Investigación pendiente


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