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Javier Corral Jurado

Santiago Creel y la libertad religiosa

Licenciado en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Occidente. Miembro del Partido Acción Nacional. Directivo de la

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30 de marzo de 2012

De buen talante y mejor acento, casi entero, Santiago Creel regresó a la Cámara de Senadores tras su precandidatura a la Presidencia; y aunque hay estragos de decepción y sentimientos de reproche a las lealtades no mantenidas por sus seguidores, el senador confirmó la sólida estructura de su pensamiento político. Subió a la tribuna e hizo precisiones fundamentales en materia de libertad religiosa, a propósito de la reforma al artículo 24, y habló de frente a la larga, histórica simulación con que una buena parte de la clase política aborda el tema del laicismo y la libertad de cultos y al mismo tiempo es capaz de tomar un asueto de una semana con cargo al calendario litúrgico de la Iglesia católica.

Creel Miranda ha referido un punto esencial de la discusión: “el laicismo es un principio de autonomía del Estado y de la República en función de los distintos dogmas religiosos. Por ello, al hablar de lo laico se puede hablar perfectamente de la libertad religiosa. No solamente se puede, se debe”.

“La libertad religiosa que implica la libertad de creencias y por tanto la libertad de pensamiento. Pero que implica también la libertad de culto, y no es lo mismo, no se puede confundir ni equiparar creencia, libertad de culto o libertad religiosa. La última libertad implica todas las demás, las otras no”.

El debate dado por Creel en el Senado a varios legisladores del PRD, además de las precisiones conceptuales, no esconde las verdaderas consecuencias que se derivan de la libertad religiosa consignada tanto en el Pacto de San José de Costa Rica, como en el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, y que según el legislador “establece como parte integrante de la libertad religiosa la enseñanza, e igualmente, la difusión”. Y éste fue el debate que lamentablemente no se dio en la Cámara de Diputados.

Pregunta Creel: “¿existen en este país escuelas que imparten una clase que se llama moral? ¿Sí o no? Yo digo que sí, y muchas, y no solamente de la confesión católica, habrá otras muchas. ¿Qué no existen en este país seminarios, donde se forman ministros de culto, como establece la ley? Yo digo que sí. ¿Qué establece nuestra reforma? Nuestra reforma habla de libertad religiosa para que los padres de familia, y ahí me incluyo, como estoy seguro que se incluyen muchos de ustedes, o casi la mayoría, tengamos perfectamente el derecho de poder determinar si nuestros hijos van o no a tener una educación de carácter religiosa, de eso se trata la libertad religiosa, no de cambiar el artículo tercero y decir: la educación del Estado mexicano ya no será laica, por el contrario, se hizo la modificación en el 24 para reafirmar la condición laica del Estado mexicano”. No puedo más que coincidir con este enfoque que aborda el tema desde la perspectiva de los derechos humanos, que posibilita la autonomía de los individuos en sus convicciones profundas y en las prácticas relacionadas con el derecho de creer o no en Dios. Tiene consecuencias sociales estabilizadoras que permiten el funcionamiento de sociedades con heterogeneidad religiosa.

Lo que ha hecho la reforma al 24 es garantizar la no restricción ni suspensión de los derechos humanos fundamentales: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta, penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”.

El nuevo Estado mexicano ha de lograr el respeto al estado laico, entendido como una neutralidad positiva frente a la conciencia mexicana en materia religiosa; no será difícil lograrlo si se aplican los principios de pluralidad que se expresan en la política y se confirman en la amplia composición del Congreso. Qué bueno que Santiago Creel haya regresado al Senado a dar este debate, porque como él mismo lo dijo, por esa sola discusión valió la pena.

 

Diputado federal por el PAN



Editorial EL UNIVERSAL A fortalecer la democracia


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