Lograr la paz, tarea de todos
El verdadero significado de la visita de Su Santidad Benedicto XVI a nuestro país es el deseo de que vivamos en tranquilidad, sobre todo en los tiempos de violencia que hoy tenemos. Aplaudo el maravilloso mensaje de esperanza, de amor y de paz del Sumo Pontífice.
Quizás el valor supremo de una sociedad es, precisamente, la paz. Sólo en ambientes de paz y armonía el ser humano da su mejor rendimiento, despliega sus mejores facultades y alcanza sus mayores logros.
El Papa también reiteró, “con energía y claridad, el llamado al pueblo mexicano a ser fiel a sí mismo y a no dejarse amedrentar por las fuerzas del mal, a ser valiente y a trabajar para que la savia de sus propias raíces cristianas haga florecer su presente y su futuro”. Lo que significa que el temor y el miedo no son buenos consejeros. Actualmente, la marcha de la nación, la ruta, está guiada por estos sentimientos que urge cambiar. El país requiere de acciones de la sociedad y del gobierno para lograr la paz.
El mensaje del Papa Benedicto XVI, desde mi punto de vista, se puede interpretar como “que se termine la guerra y que alcancemos la paz”. Por eso me he propuesto emprender una cruzada personal que no descansaré hasta que nuestro querido México encuentre el camino para estar en paz, en tranquilidad; hasta que nuestros jóvenes estudien, trabajen, produzcan y crezcan en un entorno de armonía. Son dones buenos que nos da la vida y llenan el espíritu.
Otra forma de hacer que llegue la paz somos nosotros mismos. En un ejercicio democrático démonos la oportunidad de preguntarnos si legalizar las drogas es otra forma de que llegue la paz; preguntarnos si limitar o terminar con el ingreso de los cárteles por la venta de la droga es otra manera de que llegue la paz; preguntarnos si reducir la tolerancia de EU hacia el consumo de las drogas es otra forma de que llegue la paz.
La pobreza, la falta de oportunidades, la corrupción, la impunidad, la deficiente procuración de justicia y el cambio cultural fueron los flagelos destacados valientemente por monseñor Martín Rábago, arzobispo de León, como raíces perversas que generan temor, sentimientos de impotencia y duelo.
Agregó que la crisis de moralidad indica que la inmensa mayoría de los mexicanos no quiere caminar más por los caminos de la muerte y la destrucción. En ese sentido yo me pregunto:
¿Esta guerra ha disminuido el consumo de las drogas? La respuesta es no. ¿Esta guerra ha disminuido el número de homicidios y crímenes? La respuesta es no. ¿Esta guerra ha disminuido el número de violaciones a los derechos humanos? La respuesta es no. ¿Esta guerra ha permitido el acceso a los debidos procesos jurídicos? La respuesta es no. ¿Esta guerra ha incrementado los decomisos de drogas? La respuesta es no.
¿Entonces cuál es el propósito de esta guerra? Hay que trabajar para que las cosas ocurran en la presente administración, y si no ocurren en ésta, hay que trabajar para que ocurran en el próximo sexenio.
Yo creo que el compromiso sine qua non para los aspirantes a la Presidencia de la República es tener como propósito superior el alcanzar la paz y la tranquilidad en el país.
La tarea de lograr la paz es de todos los mexicanos y hago votos para que los candidatos presidenciales trabajen en esa dirección; es decir, que prevalezca el perdón, la tolerancia entre los mexicanos; que todos trabajemos por nuestro proyecto, que termine la guerra, que alcancemos la paz cuanto antes; que nos ofrezcan esa paz que asegure el desarrollo.
¡Si el propósito es terminar la guerra, la terminaremos!
Ex presidente de la República



