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Editorial EL UNIVERSAL

La encrucijada para el país

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los de

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20 de marzo de 2012

La escena es casi cotidiana en muchas ciudades del país. El domingo por la mañana fueron encontradas en la colonia Mexicapan, municipio de Teloloapan, Guerrero, 10 cabezas. Se montó en la zona un operativo para rastrear a los criminales, que a su vez culminó con una emboscada que dejó 12 policías muertos, seis estatales y seis municipales, así como 11 heridos. En tanto, en Nuevo León aparecieron seis jóvenes asesinados. Las regiones del país inmersas en la violencia merecen mejores oportunidades de desarrollo y ayuda para superar su crisis.

Entidades como Michoacán, Guerrero o Veracruz, con todos los retos sociales y económicos que enfrentan, no pueden, por sí solos, erradicar la delincuencia. Requieren de una acción concertada en todos los niveles de gobierno para quitarle presión en su lucha, así como el reforzamiento de los apoyos económicos y en especie para su crecimiento, condicionados por supuesto a la rendición de cuentas.

Lo que pasa en las regiones antes mencionadas es, sin embargo, representativo de lo que sucede en muchas otra zonas del país donde queda demostrado que la lucha contra el crimen organizado si bien es moralmente correcta, requiere ajustes, porque la sola persecución de delincuentes genera muertes y arrestos, pero no necesariamente mejores instituciones que prevengan la violencia. Por ello no paran los decapitados y las emboscadas, ni el trasiego de droga.

Terminarán cuando dejen de ser actividades lucrativas y con garantía casi total de impunidad, lo cual, por desgracia, no se consigue nada más matando o deteniendo criminales.

Podrán asesinarse muchos criminales entre sí, pudieran darse más detenciones de sicarios, jefes de plaza y hasta capos grandes, pero si el problema de raíz no se ha extirpado, todo esfuerzo será vano. Hasta ahora, la sangrienta realidad nos muestra que la problemática estructural se mantiene intacta: el consumo de estupefacientes sigue desbocado en Estados Unidos, el lavado de dinero fluye por las venas del sistema financiero internacional y el tráfico de armas y dinero pasan por nuestra frontera común sin control.

Esta encrucijada no sólo es de Guerrero sino de México entero. Se requieren en ocasiones más agentes de seguridad y armamento, pero en el fondo se necesita trabajo de inteligencia federal y recursos que desincentiven la participación de la población en la amplia cadena criminal.



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