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Javier Lozano

El compadre

Javier Lozano Alarcón, oriundo del estado de Puebla, ex secretario del Trabajo.

Es fundador del Instituto del Derecho de la

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19 de marzo de 2012

Fuerte reclamo público del presidente Felipe Calderón a los diputados llegó la semana pasada. “A ver a qué horas se les ocurre pasar la ley laboral”. La urgencia no es gratuita. La Reforma Laboral se traduciría en rápida contratación de jóvenes, mujeres y grupos vulnerables en el mercado formal de trabajo, con mejores salarios y debida previsión y seguridad social.

La Ley Federal del Trabajo data de 1970 y no ha sido sometida a transformación de fondo alguna mientras México y el mundo han cambiado vertiginosamente. La razón del desfase es sólo una: irresponsabilidad. Vean ustedes.

El 13 de marzo Tereso Medina, diputado dederal por el PRI pidió licencia para dejar el cargo. Nada tendría de raro si no fuera porque se trata del legislador que era el presidente de la Comisión del Trabajo y Previsión Social.

Tereso Medina —el “compadre”, como llama y gusta ser llamado— es un líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) en Coahuila. Su paisanaje y otras cosas lo convierten en personaje cercano a Humberto Moreira, otro gobernador de esa lastimada entidad y fugaz presidente del PRI. Tereso aspira ahora a senador gracias a tan venturosa amistad.

El “compadre” huyó sin dictaminar iniciativa alguna para la reforma a la Ley Federal del Trabajo violando así el nuevo Reglamento de la Cámara y la más elemental ética política.

Estuvimos quizá más cerca que nunca. Pero los diputados del PRI engañaron a todos como saben hacerlo: con la hipocresía que les ofrece el discurso ramplón y la promesa vacía.

Primero, no les gustó que los legisladores del PAN presentaran una iniciativa integral el 18 de marzo de 2010 pues no se había “planchado” con el PRI y por haber osado plantear mayor transparencia y democracia sindical. La mandaron pues a la congeladora mientras, desde el tricolor, mantenían críticas hacia las insuficiencias y deficiencias del mercado laboral.

Un año después, el 10 de marzo, los diputados del PRI presentaron su propia iniciativa. Quien hizo la presentación y defensa de la misma en tribuna fue Tereso Medina. El presidente Felipe Calderón y muchos más saludamos esa iniciativa por considerar que se estaba dando un paso en la dirección correcta.

Incluso, cuando se llegó a criticar la falta de análisis y consulta sobre la iniciativa el diputado y dirigente de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) Isaías González espetó que ya se había discutido demasiado y urgió a la inmediata dictaminación del proyecto.

Fue así que en el seno de la Comisión del Trabajo y Previsión Social encabezada por el “compadre” se acordó un calendario que permitiría aprobar dicha iniciativa priísta en el periodo que concluía en abril del 2011.

Pues a pesar de todo, un buen día nos amanecimos con un cambio de señales, de actitudes, de acuerdos y de resultados. Los diputados del PRI se echaron para atrás.

Vinieron tímidas explicaciones “en corto” y grandilocuentes exposiciones “en largo”. Punta de hipócritas. Su decisión estaba tomada. No habría Reforma Laboral en lo que restaba de tan pobre legislatura. Pero había que seguir en la pista discursiva para lo cual convocaron a supuestos “foros” de análisis de la iniciativa alentados por Isaías González. Sí, el mismo que dijo que no había nada más que discutir.

La entonces coordinadora de la fracción parlamentaria del PAN, Josefina Vázquez Mota, evidenció la perversidad priísta al ofrecerles todos los votos de los diputados del PAN para aprobar la iniciativa del PRI sin cambiarle una sola coma. Y la respuesta vino del diputado y filósofo José Ramón Martel: “no por mucho madrugar amanece más temprano”, dijo.

A partir de ese momento se evidenció la gran trampa del PRI. Su propia iniciativa iba al congelador. No quería Peña Nieto manifestaciones callejeras ni la furia de López Obrador. No quería, tampoco, colgarle una medalla más al Presidente y al PAN en represalia por las alianzas electorales que le arrebataron al tricolor los gobiernos de Puebla, Oaxaca y Sinaloa.

Y así, obsequioso con los designios del hoy candidato a la Presidencia, el coordinador (así le dicen) de los legisladores del PRI en San Lázaro, Francisco Rojas, hizo lo necesario para atorar la Reforma Laboral. Ah, pero eso sí, ellos mantuvieron sus críticas por la tasa de desempleo; los bajos salarios; la economía informal y la inseguridad en los centros de trabajo. Si el cinismo doliera, estarían en un grito.

Por si fuera poco, en Davos, Suiza, Peña Nieto hablaba recientemente de la necesidad de fortalecer el mercado interno mediante una “urgente” Reforma Laboral. Y, en paralelo, el diputado federal y líder cetemista Armando Neyra Chávez, coordinador de la Subcomisión de Consenso y Dictamen, ha sido premiado por partido, en virtud de la ciega obediencia a su paisano mexiquense, con una senaduría por la vía plurinomial. Faltaba más.

Se acabó. Se fue Tereso Medina, el “compadre, y junto con él la última esperanza de ver aprobada en esta desfalleciente legislatura la Reforma Laboral. Es el cuento de nunca acabar. Y todo por cortesía del nuevo PRI.

 

Ex secretario del Trabajo



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