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Editorial EL UNIVERSAL

Detener el caos criminal

Inspiración en el interés público, responsabilidad, búsqueda de la verdad, de permanente justicia y del cumplimiento de los de

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12 de marzo de 2012

El pasado fin de semana Guadalajara quedó atrapada por la violencia y el miedo derivados de balaceras, bloqueos e incendios cometidos por un cártel tras la detención de uno de sus líderes. Una escena similar a las que se han visto ya muchas veces en otras latitudes, como Monterrey y Morelia.

Pareciera que la presencia o ausencia del caos criminal no está determinada por la capacidad de las autoridades para prevenirla, sino como resultado de la decisión de los delincuentes sobre la pertinencia de realizar dichas acciones.

Cabe preguntarse si después de lo visto hace meses en Monterrey y el fin de semana pasado en Guadalajara ocurrirá lo mismo, eventualmente, en la Ciudad de México.

La sola presencia de las autoridades federales en una región determinada no debería ser el único disuasivo. De hecho, ni siquiera eso ha garantizado la paz en todas las regiones. En Ciudad Juárez, por ejemplo, pasaron años de presencia militar y luego de la policía federal antes de que los índices de violencia bajaran. Fue posible, como ha presumido el propio gobierno federal, no porque se “acabara” con los delincuentes sino gracias a un trabajo coordinado entre varios actores sociales, gubernamentales y privados.

Lugares como Tampico, Acapulco o Veracruz ha padecido también una escalada en la violencia, no sólo la que se traduce en estruendosas balaceras y bloqueos, sino la que mantiene en la zozobra a sus habitantes por los secuestros, las extorsiones y las intimidaciones diarias.

Cambiar esa situación —que les da el poder a las organizaciones criminales lo mismo para bloquear una carretera que para extorsionar a todo un corredor de comerciantes— dependerá de la capacidad de las autoridades para responder de manera coordinada, para prevenir que los delincuentes tomen como suyos los espacios públicos, así como de brindar la confianza suficiente a la ciudadanía para denunciar los hechos.

Sería iluso pensar que la detención de cabecillas llevará algún día a la tranquilidad de la ciudadanía. Lo mismo que sería ingenuo suponer que cejar en ese esfuerzo pararía las intenciones de los delincuentes por controlarlo todo.

Es más bien la solidez de las instituciones la que determina el orden. Quien arrebata e incendia un camión en plena avenida lo hace porque tiene certeza de impunidad. Cuando ya no la tenga, escenas como las de Guadalajara dejarán de ocurrir.



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