Violencia y efectos psicosociales: el estudio
Estamos psicológicamente afectados por el entorno de violencia que vivimos. No necesitamos un estudio para saberlo. Sin embargo, diagnosticar un padecimiento social siempre es un primer paso para presentar potenciales soluciones. La prevalencia de estrés post-traumático ha sido medida en México muchas veces, pero hoy nos encontramos ante un entorno dramáticamente distinto. No se trata sólo de homicidios; se trata de cuerpos descuartizados, colgados, y arrojados en vías públicas, videos que corren por You-Tube, mantas, granadas, extorsión, secuestros, balaceras, ataques a periodistas e instalaciones. Medir el impacto que esto tiene en nuestra mente colectiva resulta fundamental.
Esta es únicamente la primera fase de una investigación de varias etapas. El equipo está dirigido por el Dr. José Calderón, médico psiquiatra de Nueva Orleans, especialista en estrés y trauma. Colabora Liora Schneider, psicóloga. Mi participación es en temas de políticas públicas, terrorismo y paz. En esta fase del estudio empleamos cuestionarios validados internacionalmente, aunque no en México, con el objeto exclusivo de detectar indicios que pueden apuntar hacia un crecimiento de prevalencia de estrés post-traumático relacionado con la violencia.
Para ello, subimos el cuestionario a Internet, lo que implica que la muestra no es representativa y los resultados no son concluyentes. Todo apunta, sin embargo, a que nuestras hipótesis podrán ser verificadas en una siguiente etapa, ya con una muestra probabilística estratificada y un cuestionario validado localmente.
De nuestros 333 participantes, 273 completaron las preguntas. Para el análisis estadístico utilizamos la prueba T de distribución y las correlaciones de Spearman Rho y Point biseriadas. Las respuestas provienen de muy diversos estados de la república. El 31.9% de participantes tiene entre 25 y 31 años; 56% son mujeres, 40% son casados y 87% tiene estudios de licenciatura o superior, por lo que nuestros resultados pueden estar desviados.
Con todo, el 51% reporta que la violencia afecta su vida laboral, el 72% indica que la violencia afecta su vida social y 58% percibe que la violencia afecta su vida familiar. El 42% dijo que la violencia ha impactado su estatus económico; 60.1% percibe que la violencia ha afectado su salud mental. Del 25% que acudió al médico en el último mes, 98% percibe que la razón de su enfermedad se encuentra relacionada con el estrés.
Entre los síntomas más comunes asociados al estrés por exposición a violencia, 31% reporta angustia frecuente o gran esfuerzo para cumplir con tareas cotidianas y 36.1% reporta irritabilidad. 1 de cada 4 reportó insomnio frecuente y 28% desesperanza. El estrés parece producir ausentismo laboral en al menos 31% de participantes, lo que podría traducirse en un impacto económico cuantificable. El estudio también detecta signos que pueden indicar la presencia de contagio vertical de estrés (padres a hijos).
Uno de cada dos individuos percibe que los medios de comunicación son el principal canal de transmisión del estrés. El estudio detecta una correlación estadísticamente muy significativa entre exposición a medios y síntomas de estrés y trauma como angustia, irritabilidad, pesadillas e insomnio. 90% de nuestros encuestados reporta tener contacto con noticias y 75% indica que después de este contacto se siente peor. Otros factores de transmisión son rumores sobre actos violentos (45%), asalto a personas allegadas (44.5%), o el ver al ejército o la policía en retenes u operativos (43.7%). El 10% ha cambiado de residencia por efectos de la violencia; el 80% ha dejado de frecuentar lugares debido al miedo, y el 54% ha modificado su rutina diaria.
Si bien estos resultados no son concluyentes, y hay mucho más que indagar sobre el tema, tenemos ya evidencia científica para suponer que la violencia asociada al crimen organizado ha traído como una de sus consecuencias un incremento en los síntomas sugestivos de estrés post-traumático entre nuestra población, si estos se contrastan con investigaciones previas al 2006. Lo interesante es que la prevalencia de dichos síntomas no es exclusiva a los municipios más violentos del país, lo que indica que el estamos ya ante un fenómeno de contagio, siendo los medios de comunicación cruciales en la retransmisión.
En el proyecto México Con-Paz (http://bit.ly/zlxOL9) estamos trabajando en propuestas para atender y contrarrestar de manera integral los efectos psicosociales que la violencia está arrojando en México. Estamos demostrando que hay muchas clases de víctimas. Las mejores y más imaginativas soluciones no proceden de una sociedad que opera bajo el pánico o el terror. Eso convierte a éste, no en un tema de salud, sino de paz.
Twitter: @maurimm


