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Ricardo Raphael

¡De panzazo!

Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación.

Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Conductor del programa cultural Claves, de Proyecto 40.

Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.





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27 de febrero de 2012

Es difícil saber de dónde provino el equívoco, pero la gran mayoría de la población asegura que, después de la salud, la educación es la mejor política de Estado mexicano. No hay datos que confirmen esta creencia: evaluaciones nacionales e internacionales, la percepción de los docentes, la valoración de los expertos, testimonios de las y los alumnos, en fin, hasta la líder del magisterio, Elba Esther Gordillo, reconoce que el sistema educativo trae mal rumbo, o como dice la organización Mexicanos Primero: va aprobando de panzazo.

El error tiene origen en una mezcla de varios engaños: desconocimiento de los padres sobre lo que ocurre en el salón de clases, imposibilidad de alumnas y alumnos para valorar la calidad de lo que aprenden, abusiva propaganda gubernamental, complicidad de los medios, ausencia de un periodismo serio, complacencia de algunos especialistas, marginación de otros y cantidad de dinero con que se cuenta para bajar el volumen de las voces críticas.

En este contexto de negación irrumpe en salas de cine el documental ¡De panzazo! Se trata, en la dignidad antigua del término, de un panfleto político que, por los datos ofrecidos y las historias narradas, logra despertar indignación frente a un asunto insoportablemente injusto. Sus poco más de 100 minutos son suficientes para que, quien lo mire, abandone cuanto de ignorancia o credulidad haya colocado antes sobre el sistema educativo.

De toda evidencia la educación va mal y es necesario enfrentar esta circunstancia, porque de lo contrario condenaremos a la mediocridad a 24 millones de menores y, con sus personas, al futuro del país.

¡De panzazo! asegura que el problema no es de dinero: el país está invirtiendo una cantidad más que aceptable para hacer que las cosas mejoren. Ya hace tiempo que la cobertura tampoco es tema: hay condiciones para que la casi totalidad de niñas y niños acudan a las aulas. Dice Carlos Loret en el documental: nos tardamos 80 años en lograrlo y ahora la cuestión ha pasado a ser otra, la calidad.

La cámara que se pasea dentro de las salas de clase y por los pasillos de las escuelas, la cámara que retrata los pupitres apilados, los cristales rotos, la telesecundaria donde no hay televisión, la que captura a un grupo de alumnos repitiendo como borregos una poesía patriotera y ridícula, la cámara que retrató a la líder mentirosa y al funcionario titubeante, todos son elementos de una narrativa que a veces enoja, otras conmueve y también produce vergüenza.

No tengo duda: ¡De panzazo! logró su primer objetivo. Gracias a esa extraña combinación que surgió del ojo de Juan Carlos Rulfo y la voz de Carlos Loret hoy contamos con un material que llama a ser conocido y discutido. Es difícil saber si tendrá el mismo éxito que Presunto culpable, pero muy probablemente el diagnóstico y las reflexiones que ahí se plantean terminarán siendo tema de conversación en la intimidad de las familias mexicanas.

Hay, sin embargo, tres observaciones que me permitiría hacer respecto al filme: primera, estoy convencido de que los líderes sindicales corruptos del magisterio mexicano poco o nada tienen que ver con los verdaderos docentes que todos los días entran al salón de clases. Me parece que ¡De panzazo! no supo marcar esta distinción y por falta de finura maltrató a quienes no lo merecen.

Segunda, el filme perdió una oportunidad extraordinaria para señalar responsables: Denise Dresser ahí asegura que se necesitaría un “secretario de Educación con cojones,” pero ella y el documental olvidan que es en la Presidencia de la República donde la voluntad de cambio ha estado ausente. Si el jefe del Ejecutivo privilegió la alianza político-electoral con los responsables de bloquear la reforma educativa, resulta poco creíble que la fuente del problema despache en otra oficina.

Tercera, hacia el final del filme se presentó una oportunidad extraordinaria para llamar a la acción y, sin embargo, se desperdició sustituyéndola con reflexiones generosas pero generales.

Si antes la cinta había advertido que Felipe Calderón, Elba Esther Gordillo y el ex secretario, Alonso Lujambio, no cumplieron con su palabra a propósito de informar sobre cuántos son y dónde están los maestros (entregar el padrón), si tan poco se ha avanzado respecto al sistema de evaluación universal para los maestros y la carrera magisterial que premie a los mejores docentes, ¿por qué no aprovechar esta cinta para exigir que tal cosa ocurra antes de que los actuales responsables se vayan impunemente?

En cualquier caso, ¡De panzazo! merece ser vista y recomendada.

@ricardomraphael

Analista político



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