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Editorial EL UNIVERSAL

El caos de las cárceles

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20 de febrero de 2012

Cuando menos 44 reos murieron ayer en el penal de Apodaca, en Nuevo León, luego de que —según las autoridades— se enfrentaron integrantes de bandas rivales. La frecuencia de motines, riñas, fugas y homicidios en las cárceles mexicanas hace evidente que a lo largo de todo el país estos centros son todo menos lugares para la readaptación social.

Coincide esta noticia con la que hace días surgió desde Honduras, en donde un incendio cobró la vida de más de 350 reos. Las causas de lo sucedido en Apodaca y las del país centroamericano son completamente distintas y, sin embargo, ambas tienen como raíz el caos del sistema penitenciario. Ahora fueron 44 muertos, pero mañana o cualquier otro día podrían ser centenas, como en Honduras.

El problema no es nuevo. Desde hace décadas las cárceles mexicanas están sobrepobladas, carecen de una estricta observancia de los derechos fundamentales y no coadyuvan para que los internos abandonen las actividades ilícitas al salir de la reclusión.

El mismo penal de Apodaca es un ejemplo de lo anterior. Tiene alrededor de 3 mil internos, 30 por ciento más de lo que establece su capacidad máxima, y su descontrol ya se había manifestado desde el 20 de mayo pasado cuando fallecieron 14 reos y 35 resultaron heridos en un incendio supuestamente provocado por un cortocircuito.

El 5 enero pasado 31 reos muertos y 13 heridos dejó otra pelea entre grupos en el centro penitenciario de Altamira, en Tamaulipas. Tres meses antes, el 15 octubre de 2011, otra riña de presos causó el homicidio de 20 internos en la cárcel de Matamoros. Antes, el 25 julio de 2011, 17 presos perdieron la vida en un tiroteo en el reclusorio municipal de Ciudad Juárez.

Como puede verse, no son hechos aislados, sino una constante que se ha incrementado como consecuencia del desbordamiento del crimen organizado en varias regiones del país.

Las riñas son reflejo también del autogobierno que han establecido los criminales al interior de las cárceles, sobre todo locales, lo cual lejos de desincentivar el crimen ha dado a las mafias centros de operaciones para cometer más delitos.

Urge transformar el sistema penitenciario, pues de nada sirve perseguir criminales si al llegar a la cárcel éstos siguen como en casa.



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