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Andrés Lajous

La responsabilidad de mantenernos vivos





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17 de febrero de 2012

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Esta semana se llevó a cabo el Foro Internacional: Drogas, un balance a un siglo de su prohibición en el que participaron ponentes mexicanos y de otros países como Colombia, Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá. El tema central de discusión, para quien no es obvio, fue la política global de drogas, y la política de drogas del gobierno mexicano. ¿Qué costos y qué beneficios ha tenido la prohibición de varias drogas? ¿Qué consecuencias no deseadas existen, justamente por la prohibición? ¿Por qué no hemos cambiado de régimen legal si la prohibición es un fracaso?

Las participaciones más interesantes no fueron de quienes dieron los argumentos más amplios y abstractos en favor o en contra de la legalización, sino de quienes contaron historias precisas y experiencias desde el gobierno tratando de atender distintos problemas. Algunos fueron policías y jueces, otros son médicos o ex funcionarios públicos.

Por ejemplo dos de los ponentes, el médico australiano Alex Wodak y el médico estadounidense Ernest Drucker, describieron cómo las “epidemias” de consumo de drogas ilícitas no están primordialmente relacionadas al régimen legal de las drogas y su disponibilidad, sino a efectos de “contagio” e imitación entre grupos de personas. Algunas drogas se usan en unas ciudades o países, y otras, muy distintas, causan problemas a tan sólo unos kilómetros. Es decir que la distribución del consumo (sobre todo el problemático) de drogas se parece más a moda que al consumo de productos básicos.

El caso concreto al que hicieron referencia fue el del consumo de crack en varias ciudades estadounidenses, en donde no sólo la “epidemia” sucedió en distintos momentos, sino que la reducción en el consumo se debió a la reacción de las comunidades en donde éste fue más alto.

No fue la persecución y el encarcelamiento lo que redujo el consumo, sino la información disponible para la sociedad, en carne propia, sobre los nocivos efectos de su consumo. La persecución y encarcelamiento, en todo caso, daña más y ayuda menos.

Lo más “refrescante” del punto de vista de ex funcionarios públicos, fue escuchar los intentos para sacar a sus gobiernos de la estúpida criminalización del consumo de drogas, poniendo énfasis en la importancia de mantener a más gente viva.

Donald Macpherson y el ex alcalde de Vancouver, Larry Campbell, presentaron el proyecto de reducción de daños Insite que se empezó a implementar en 2003 en aquella ciudad.

Este programa lo que hace es ofrecer un espacio en donde consumidores de drogas inyectables (primordialmente heroína, pero también cocaína) pueden recibir asistencia de enfermeras y médicos para que su consumo implique menos riesgos como el contagio del VIH o la muerte por sobredosis.

Lo interesante del proyecto Insite es que no tenía como objetivo principal la reducción del consumo, sino la reducción de muertes por sobredosis.

La preocupación pública de Vancouver era la acumulación de muertos por sobredosis de heroína, y sólo después, por el consumo mismo. Campbell como alcalde, ideó la solución (retomando la experiencia de algunos países europeos), justamente porque inició su carrera como policía antinarcóticos y después como jefe del servicio médico forense.

Según un artículo en la revista médica The Lancet el programa Insite fue exitoso en reducir 35% las muertes por sobredosis en los alrededores del centro de atención, y 9% en la ciudad, sin provocar un incremento en el consumo de drogas inyectables.

En México, con la información disponible, no se puede afirmar que el consumo de drogas representa un problema de salud pública como el que representa en países desarrollados. Sin embargo, sí hay muertes sobre las que sabemos poco, vinculadas a su consumo. Por ejemplo, según el SISVEA, en el DF en 2009 murieron 479 personas bajo intoxicación de alguna droga: 86% alcohol, 6% depresores, 6% cocaína, y 2% mariguana. Ojalá lo que viéramos en nuestro país fueran más políticas públicas pensadas en que esos muertos, podrían estar vivos pese a tomar la decisión de consumir drogas.



Editorial EL UNIVERSAL Fortalecer a la Fepade


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