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Enrique Berruga Filloy

Hablando en serio

Diplomático y escritor. Representante Permanente de México ante la ONU de 2003 a 2007. Embajador de México desde 1995. Fue Subsecretario para América del Norte y Subsecretario para Asuntos Multilaterales, Africa, Asia y Europa. Autor de tres novelas. “Propiedad Ajena” se ha hecho película por el director Luis Vélez. Profesor de relaciones internacionales del ITAM. Miembro de la Junta de Gobierno de la International Peace Academy. Actualmente es Co-Presidente para la reforma del sistema mundial del medio ambiente, cargo para el que fue electo por la Asamblea General de las Naciones Unidas.





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16 de febrero de 2012

La armó en grande. El flamante presidente de Guatemala, el general Otto Pérez Molina, propuso formalmente poner sobre la mesa la despenalización de las drogas en toda América Central. Si la memoria no falla, ésta es la primera vez que un mandatario en funciones hace un planteamiento de este tipo, lo cual le otorga una resonancia especial. Obliga a hablar del tema en serio. Los ex presidentes Zedillo, de México; Cardoso de Brasil, y Gaviria, de Colombia, también apoyan esta tesis, pero lo han manifestado cuando ya no ocupaban la silla grande. Es decir, se limitan a hacer un pronunciamiento académico.

Otto Pérez no se anda por las ramas. Acusa directamente a Washington de la crisis de seguridad que aqueja a nuestra región: “La incapacidad de Estados Unidos —dice— para reducir su consumo de drogas ilegales deja a Guatemala sin otra opción más que pensar en legalizar el uso y transporte de drogas”. La jugada es atrevida e interesante. Al responsabilizar a Estados Unidos les obliga a tomar conciencia de que tienen que aportar mayores recursos si quieren que países como Guatemala sigan “poniendo los muertos” y el despliegue militar y policiaco que requiere el combate al crimen organizado. Guatemala recibió el año pasado 200 millones de dólares para este fin. El otro mensaje de Pérez Molina es que si Estados Unidos no hace esfuerzos por reducir la demanda de narcóticos en su país, si no encarcela a los grandes capos de la droga que operan en suelo estadounidense, Guatemala no estará dispuesta a librar una guerra que francamente no considera suya. Es decir, si los principales interesados no hacen su parte, por qué debería hacerles la tarea un país de tránsito que no tiene mayor vela en el entierro.

De acuerdo con Otto Pérez, despenalizar las drogas traería los siguientes beneficios a su país. En sus propias palabras: “Se estaría quitando el lavado de dinero, el contrabando, el tráfico de armas y la corrupción que ha penetrado en fiscales, jueces, policía e instituciones completas en el gobierno, problemas que no sólo afectan a nuestro país, sino a la región”. Si lo hacen solos, corren el riesgo de que los narcos se asienten a sus anchas en Guatemala y ahí, de manera lícita, hagan su base central de operaciones para traficar narcóticos hacia otros países. Es más, si un narco fijara su residencia en Guatemala, sería ilegal que le arrestaran o extraditaran porque en ese país sus actividades serían legales. Incluso si su propuesta prosperara y se despenalizaran las drogas en toda Centroamérica, el problema respecto al resto del vecindario no cambiaría esencialmente.

Quizá la idea no sea mala, pero el enfoque sí que lo es. La idea de despenalizar las drogas es una medida desesperada para abatir la violencia vinculada al crimen organizado. Es decir, si el tráfico de drogas no causara corrupción y violencia no habría razón para despenalizarlas; se mantendrían como sustancias prohibidas o controladas por los daños que provoca en la salud de quienes las consumen. Así las cosas, el asunto de fondo es de salud pública, antes que de leyes, prohibiciones o legalización.

Nadie ha pensado en legalizar la extorsión o el robo a mano armada con el único afán de reducir la violencia. Lo que es necesario averiguar y combatir son las razones que generan el robo y la extorsión para ser verdaderamente eficaces en su erradicación. Lo mismo con las drogas. Estados Unidos tiene más de 60 millones de consumidores de mariguana y cerca de 3 millones de adictos a la cocaína. Mientras la sociedad estadounidense no haga esfuerzos serios por reducir esa enorme demanda, más voces se unirán a la de Otto Pérez, tomando las medidas que, le pese a quien le pese, más utilidad tengan para su interés nacional. Ya veremos en los próximos días si las declaraciones del presidente guatemalteco llevan a que Washington abra más generosamente la cartera de la cooperación o simplemente se inicia una guerra de declaraciones donde los beneficiarios no sean otros más que los mismos criminales. En cualquier caso, la postura del mandatario guatemalteco provoca que, por primera vez, la despenalización de las drogas se discuta como una opción real y no solamente teórica.

 

Presidente del Consejo Mexicanode Asuntos Internacionales



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