Evelio Rosero
Elmer Mendoza. Escritor, Culiacán, Sinaloa. Estudió Letras Hispánica (UNAM). Imparte literatura, creación literaria, programas y conferencias para fomentar hábito de la lectura. Ha publicado siete novelas con Tusquets editores, entre ellas: Un asesino Solitario, El Amante de Janis Joplin (Premio Fuentes Mares 2002), Balas de Plata (Premio Internacional Tusquets) y La Prueba del Ácido. Traducido a 5 idiomas. Es miembro de El Colegio de Sinaloa, Sistema Nacional de Creadores, y Academia Mexicana de la Lengua.
“No hay Dios en la historia de Colombia, ni justicia, y muchas veces son los más nocivos y parásitos quienes se salen con la suya”, sentencia Evelio Rosero en su novela, La carroza de Bolívar, publicada por Tusquets en enero de 2012, donde navega del humor a los héroes patrios, de la belleza a lo absurdo, del arte popular a la política de aguardiente, en una rica atmósfera de paralelismos y desencuentros que sacuden el ánimo.
Anclado en un barroco mesurado y mestizo, Rosero cuenta la otra cara de Bolívar, “el mal llamado libertador”, dentro de esa corriente de narrativa histórica que destapó la vida real de los próceres de la independencia de América que tenía muy poco de ejemplar. Nos muestra un Bolívar más interesado en las chicas guapas que en la estrategia militar y sumamente oportuno a la hora de los créditos. El ginecólogo Justo Pastor Proceso lleva años escribiendo un libro esclarecedor sobre la personalidad del general independentista que no puede terminar. Un accidente lo pone ante la posibilidad de revelar lo que sabe del líder en una carroza de carnaval, donde el Libertador será el personaje principal. Ocurre en Pasto, donde es imposible guardar algún secreto.
Con un discurso limpio, Evelio Rosero, nacido en Bogotá en 1958, ganador del segundo premio Tusquets de novela en 2006, nos muestra una variedad de personajes que definen los campos con acciones y esperas, convierte la Historia en una novela múltiple que internamente no depende del tiempo y desarrolla varias líneas narrativas de interés. La esposa de cuerpo perfecto y sensual, las viudas provocativas, los artesanos comprometidos con su arte, los aspirantes a guerrilleros desorientados, el profesor sin aula, el político en lo suyo lo mismo que el obispo y un pueblo inmerso en el frenesí del carnaval donde enmascarados es posible vivir diversas historias personales mucho más interesantes que la vida cotidiana. Todo este universo se releva oportunamente para mantener la dinámica del discurso y su giro alrededor de ciertos hechos.
Gran parte de la novela está dedicada al perfil del Libertador, incapaz de dormir solo; lo demás a los personajes de un pueblo pequeño donde nadie está seguro de nada, “cada pueblo tiene su mentira a caballo”, afirma el autor, que sin duda conoce de plazas públicas y estatuaria. O un retrato de la personalidad alcohólica del mundo: “los hombres andan borrachos… beben porque sí y beben porque no”. O esa frágil verdad que ata unos a los otros: “el amor es de cristal… tarde o temprano se rompe”. Rosero crea un universo interesante donde las características de los personajes son tantas que en algún momento de la narración pudieran parecer encontradas. El poeta oculto Rodolfo Puelles, que pasa de asesino aspirante a guerrillero a mártir sin protesta, puede ser un ejemplo; o Primavera, la apetitosa esposa de Justo Pastor, que de vez en cuando lo induce a reflexionar: “¿quién no quiso un día convertirse en tu asesino?”.
Con recursos del Realismo Mágico, Rosero desarrolla una novela irresistible, donde es posible ubicar la historia de un país, quizá de un continente, saturada de indicios falsos que nos llevan al mundo del asombro constante. ¿Qué tanto temían los héroes y sus historiadores al futuro que se reinventaban constantemente?, ¿por qué ocultar lo que realmente eran? Desde luego, semejante postura es una provocación para un novelista como el colombiano que sabe, como Timothy Garton Ash, “que los confines entre la literatura de hechos y la literatura de ficción son abiertos”, atiborrados de vasos comunicantes; es decir, el referente principal puede transitar de un ámbito a otro sin problemas, pues son muy claros los momentos en que es ficción y los que es el héroe que despojaba a sus subalternos de su gloria militar, a los ricos de su oro y a las jóvenes de su himen. Si hubiera confusión, les comparto que el autor inglés aludido, cita al historiador Simón Schama, que sugiere: “la Historia en cuanto narración, en cuanto literatura, debe reclamar el terreno que ha perdido frente a la Historia como ciencia”, sobre todo si el trabajo narrativo de un historiador resulta ser tan solvente como cualquier otro de estricta vocación literaria.
La carroza de Bolívar es una novela de muy buen nivel, un ejemplo de cómo una tradición poderosa en la narrativa colombiana sigue vigente, y una prueba de lo que es posible conseguir con las debilidades de los héroes que a pesar de eso, no dejarán de ser queridos y admirados. Por lo demás, leer a Evelio Rosero es transitar uno de los caminos más sutiles de la Literatura de nuestro tiempo.


