aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800



Ana María Salazar

Víctimas invisibles

Especialista en temas relacionados con derecho internacional, seguridad nacional, cooperación antinarcóticos, reformas judiciales y conciliación. Fue subsecretaria adjunta de Defensa para Política y Apoyo Antidrogas del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Fungió como asesora política en la Casa Blanca (1998) y fue asesora especial en la Oficina de Asuntos Internacionales Antinarcóticos del Departamento de Estado (1995-1997). Debido a su desempeño en el Pentágono, la revista Hispanic Business Magazine la reconoció como una de los 100 hispanoamericanos más influyentes en EU.





ARTÍCULOS ANTERIORES

10 de febrero de 2012

Esta semana el secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, informó que los homicidios atribuidos al narcotráfico y al crimen organizado alcanzaron su punto máximo en 2011, para iniciar una disminución hacia la última mitad de ese mismo año. Adicionalmente, en el último trimestre de 2011 disminuyó la incidencia de robo en el país, reportó el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Ojalá que estos datos alentadores fueran ciertos, pero la realidad es que México continúa siendo un país violento, en donde el número de víctimas de la inseguridad crece, y donde hay probabilidades de que esta violencia incremente.

Uno de los aspectos más tristes de esta situación es que en México seguimos sin reconocer el sufrimiento de las víctimas de la violencia. Recuerdo una entrevista que hice en Colombia hace varios años a Sofía Giraldo, directora de la Fundación Víctimas Visibles. Ella recomienda que “los medios de comunicación visibilicen más a las víctimas que a los victimarios”. En la medida en que esto se haga, las víctimas se empoderarán, agruparán y estarán en capacidad de deslegitimar lo que están haciendo los victimarios. Algo que no sucede en México. Por eso quiero retomar lecciones concretas de qué se debe hacer ante una agresión de esta clase.

Punto 1: Alerta. Todas las víctimas que entrevistamos subrayaron la importancia de vigilar siempre quién está cerca de usted, ya sea al salir de casa, al subir al coche, al salir del trabajo, al viajar en un transporte público o en un restaurante. Esto no quiere decir que usted se vuelva paranoico. Pero sí debe de estar siempre consciente, alerta, a lo que sucede en su entorno e identificar situaciones anormales. El no vigilar su entorno por falta de costumbre las hace vulnerables.

Punto 2: Instinto. Varias de las víctimas nos comentaron que antes de ser atacadas tuvieron un presentimiento, vieron algo que no cuadraba con el entorno, o vieron algunas personas que les causaban desconfianza, pero decidieron no tomar ninguna acción para evitar el asalto (como gritar, correr, y poner distancia entre el sospechoso).

Punto 3. Modestia. Si usted vive en una ciudad en donde se registran secuestros y asaltos, sea prudente en su manera de vestir. Usar accesorios y joyas caras es una invitación al robo; cargue sólo lo necesario: identificación; dinero para sus gastos del día y algo extra para una emergencia; evite las tarjetas de crédito.

Punto 4. Cabeza fría. Trate, en la medida de lo posible, de controlar sus emociones para poder identificar cuáles son sus opciones. El mantener la calma nos permite intentar un diálogo con el atacante para buscar, por ejemplo, que no nos agreda físicamente, ya que responderemos a sus demandas, o se puede negociar extraer, por ejemplo, a los niños del carro para que se lleven el auto.

Punto 5. Evite la confrontación. Nunca, bajo ninguna circunstancia, confronte a su atacante. No trate de agredir ni física ni verbalmente. Y por más coraje o angustia que tenga, escuche con atención las exigencias de su victimario y trate de responder a sus demandas. Nuestra integridad física y la de nuestra familia deben ser la prioridad ante todo.

En los últimos años he notado en mis conferencias y talleres de seguridad un incremento dramático de personas que públicamente reconocen que han sido víctimas, y que exigen que se les escuche, se reconozca su dolor y se aprenda de su experiencia.

 

@amsalazar

Analista política



ARTÍCULO ANTERIOR Víctimas invisibles
Editorial EL UNIVERSAL Una expresión de lealtad


PUBLICIDAD