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Mauricio Meschoulam

Los fantasmas norcoreanos

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23 de diciembre de 2011

Hacía mucho que no veía tanta tinta derramada sobre un tema en tan poco tiempo. La cuestión de Corea del Norte claramente sigue viva en la narrativa y psique de los estadounidenses. Finalmente no sólo se trata de un régimen nuclear que ha estado dispuesto a hambrear a su población a cambio de tener uno de los ejércitos mejor armados del planeta. Se trata también de un antiguo enemigo, aquel que consiguió detener el Rollback de MacArthur. Pareciera que hay una herida que no ha sanado y permanecen en la mentalidad colectiva las reminiscencias de la guerra fría. Por tanto, las percepciones en torno a la muerte y sucesión del líder norcoreano no pueden ser transparentes, se distorsionan.

Definitivamente hay una sucesión incierta. No existe la suficiente información de inteligencia como para poder determinar qué es lo que verdaderamente sucederá. Un reportaje del The New York Times del 20 de diciembre documenta este hecho. Vamos, ni en la edad del joven Kim Jong-un se ponen de acuerdo con precisión. Esta brecha en inteligencia no es nueva. Las agencias estadounidenses estuvieron buscando por años las plantas nucleares norcoreanas sin éxito. Cuando se dieron cuenta, Kim Jong Il estaba ya efectuando los primeros ensayos, y el Mossad israelí les advertía de la asistencia norcoreana a Siria en la construcción de su reactor. Debemos entonces partir de que existe un vacío de información producido por la secrecía del régimen.

Ante tal vacío, es natural que se genere cualquier grado de incertidumbre por la muerte del líder, después de todo un personaje conocido. Había 17 años de experiencia en cuanto a su forma de tomar decisiones. Las dudas ante su ausencia, por tanto, sumadas al desconocimiento que existe en torno a la política interna y los potenciales pormenores de la sucesión son completamente naturales. ¿Quién es el joven Un? ¿Sabrá domar a los demonios? ¿Mandará u obedecerá?

Sin embargo, para este tipo de casos hay que intentar pensar fríamente y con la cabeza bien puesta en la racionalidad política de los actores. Kim Jong Il sabía que su muerte podría llegar en cualquier momento. Tras su derrame cerebral del 2008 y las medidas que fue tomando posteriormente, incluso la develación de una estatua de bronce con su figura en 2010, hay demasiadas señales que muestran que su partida fue menos sorpresiva de lo que aparenta. Es altamente probable que el “Líder Querido” hubiese previsto las circunstancias actuales y los riesgos que su hijo enfrentaría con su muerte. Esto no implica ninguna certeza de que las cosas funcionarían tal y como Kim las planeó, pero eso es algo que el dictador también conocía. Seguramente existen actores al interior del régimen en los cuales habría confiado desde hace años para preparar la sucesión, los que si bien no garantizan necesariamente la estabilidad, muy probablemente estarían interesados en que las cosas transitaran con el mayor orden posible. Es así como desde la muerte de Kim, el aparato de comunicación del régimen se ha encargado de proyectar la imagen de una transición ordenada donde las cosas están caminando como fueron previstas. Inmediatamente el discurso exalta al hijo que permanece. El funeral donde el nuevo líder se hace acompañar de los más prominentes militares que le saludan. La lealtad que el ejército promete. La cercanía del tío como guardián y consejero. Todo cuadra.

Además de los actores internos, hay un sistema internacional que en estos momentos está interesado en la estabilidad regional. Así, China, el aliado más cercano de Corea del Norte, comienza a operar a favor de la transición ordenada. EU y Corea del Sur exhiben una reacción mesurada, prometiendo inmediatamente restablecer el esquema de ayuda alimentaria. Es verdad que existen agentes más duros al interior del régimen, pero ello no implica que necesariamente harán otra cosa que establecer su postura de manera firme. Kim sabía que su aparato represivo y sus instituciones eran lo suficientemente sólidas para resistir el ascenso de su joven e inexperto hijo al poder. Y para aquellos eslabones débiles, que seguramente conocía con precisión, es muy probable que hubiese tomado medidas que desconocemos.

En cuanto al pánico estadounidense, hay que comprenderlo. Están luchando contra fantasmas de la historia que no se han podido marchar, contra el metarrelato de la guerra fría, de la escalada nuclear, del terror soviético y chino. Estados Unidos está luchando contra heridas que todavía duelen. 

Y claro, también puedo estar equivocado. Ojalá que no.

 

Twitter: @maurimm

Internacionalista



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