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Atando cabos | Denise Maerker

18 meses para hacer las reformas y ¿3 años y medio para desbaratarlas?

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

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¿Acaso estos últimos y difíciles seis meses dejaron a este gobierno sin la convicción y la energía necesaria para dar la batalla por sus propias reformas?

Martes 02 de junio de 2015

Lo ocurrido el pasado viernes, cuando la Secretaría de Educación emitió el comunicado de tres líneas en el que anunció que se suspendía la evaluación de los maestros, es equivalente a que la Secretaría de Gobernación mandara a los medios un texto de este tipo: “Con motivo de nuevos elementos a considerar en el proceso electoral a efectuarse el próximo 7 de junio se informa que la instalación de casillas, el desarrollo de la jornada y el cómputo de las boletas serán llevadas a cabo por funcionarios federales”. Fin del Instituto Nacional Electoral.

O que la Secretaría de Hacienda hiciera uno con la siguiente leyenda: “Con motivo de nuevos elementos a considerar se suspende la meta de inflación fijada por el Banco de México y se modifica la actual metodología para calcular la inflación, misma que se dará a conocer en su momento”. Adiós a la razón de ser del banco central autónomo y a la confiabilidad de los parámetros de desempeño de la economía nacional.

No es una exageración. El comunicado 129 del pasado viernes 29 de mayo de la Secretaría de Educación Pública tiene implicaciones que van mucho más allá de si se evalúa a los maestros y cuándo. En sólo tres líneas el gobierno manda varios mensajes y nos deja una gran interrogante. Los mensajes:

Que este gobierno no respeta la ley. No sólo se puede negociar la ley, cosa que ya habíamos visto, sino que existe la disposición para violar la Constitución y atribuirse facultades que no tiene. ¡Que lo oigan los empresarios de México y el mundo! Esos a los que se les invita a invertir y se les garantiza certeza jurídica: este gobierno (ya lo saben los chinos) puede modificar de un plumazo las reglas del juego de cualquier proceso por complejo, peleado e importante que sea.

Que este gobierno es débil. Seguro ya tomaron nota los poderes fácticos —a los que se quiso someter (y se sometió) a través del Pacto por México y con las reformas—: se puede arrodillar a este gobierno. Empresarios molestos con la reforma hacendaria, trabajadores de Pemex, empresarios de medios y de telecomunicaciones, sindicatos de todo tipo, organizaciones criminales, evasores fiscales: a este gobierno si lo aprietan es capaz de echarse para atrás incluso tratándose de sus logros más cacareados.

Estos son los mensajes, pero la razón de por qué lo hizo sigue siendo un misterio. Ante el silencio del gobierno circulan varias explicaciones.

Que le tuvieron miedo a la CNTE y su capacidad de boicotear las elecciones el próximo domingo en Oaxaca. Sería francamente ingenuo de parte del gobierno pensar que con ese comunicado lo van a evitar.

Que temen que se les una el SNTE. El gobierno siempre ha tenido, y lo sabe, una última carta en esta batalla: dejar de retenerle a los maestros las cuotas sindicales y dejar que sean la CNTE y el SNTE los que traten de quitarle a los maestros parte de su salario.

¿O acaso estos últimos y difíciles seis meses dejaron a este gobierno sin la convicción y la energía necesaria para dar la batalla por sus propias reformas?

Funcionarios de alto nivel del gobierno llevan varias semanas explicando que parte de su problema reciente de falta de claridad, de unidad de propósito, de control de la agenda pública, es que llegaron con un proyecto reformista que pensaron les tomaría cinco años implementar y lo consiguieron en sólo 18 meses. Es un comentario que revela cansancio y pérdida de brújula. Cuidado, porque a este paso quedan tres años y medio para desbaratar lo ya hecho.



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