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Por los estadios del mundo | Inés Sainz

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Sábado 02 de mayo de 2015

Podría parecer el guión de una película de drama, pero no es así. Es una historia real, que tal vez rebasa los límites de la sensibilidad humana. El hombre que hoy subirá al ring arropado por todo Filipinas es el mismo que años atrás tuvo que dormir entre cartones; el que vivió una infernal infancia.

Manny Pacquiao luchó contra todo, pero sobre todo, contra su núcleo familiar, del que tuvo que huir, debido a la inestabilidad que ahí se vivía. Ver a su padre entregado al alcohol lo hizo correr en busca de su salvación.

Y fue ahí, en los barrios más peligrosos de Filipinas donde el joven renació. Entre las cuerdas de un cuadrilátero, Pacquiao se encontró a sí mismo e inició una vida que a la postre le trajo satisfacciones. Finalmente, el destino lo premió a costa de golpes de sangre, de duras peleas por las que en un principio ganaba unas cuantas monedas, pero que después le cambiarían la vida.

Su nombre es ejemplo de dedicación, de nunca darse por vencido y de tener fe en sí mismo. Manny Pacquiao afrontará la pelea más importante de su carrera, una que lo hace no olvidar lo mucho que le costó llegar aquí. Sus seguidores lo saben, le aplauden cada movimiento y ansían verlo con los puños mirando al cielo. Él es el ‘Pacman’, un hombre que supo levantarse de la miseria para abrirse paso hacia un exitoso futuro.

Guantes de oro. Floyd Mayweather Jr. El simple hecho de repetir en voz alta su nombre nos evoca a las excentricidades de un hombre que goza la vida como pocos, que se da el lujo de pagar 180 mil dólares para que un chef le prepare comida especial de cara al combate más importante del año y que desembolsó 25 mil dls. en un protector bucal.

‘Money’ puede presumir su ascendencia de una importante familia boxística, de ahí su interés por repetir las hazañas de su progenitor y también de sus tíos.

A diferencia de su rival, Floyd no padeció hambre ni carencias, sino todo lo contrario, disfrutó de los lujos que la vida le regaló.

Sus dotes como boxeador los tenía en la sangre y supo sacarles provechó desde muy chico, no en vano los 860 millones de dólares que ha acumulado en sus peleas. Púgil invicto y de imponente físico. Prometió ser el mejor este sábado en Las Vegas y sus fanáticos esperan más que un show de luces y bailarinas, veremos con qué nos sorprende.

Dos vidas llenas de contrastes, dos historias dignas de contarse que se encontrarán ante la mirada de millones para demostrar quién de ellos puede ser llamado el mejor.

deportes@eluniversal.com.mx



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