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Política Zoom | Ricardo Raphael

Mujeres invisibles

Periodista, académico y escritor. Profesor afiliado a la División de Administración Pública y Coordinador de la maestría en periodismo en ...

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    Jueves 30 de abril de 2015

    La peor extorsión, la más infame, es aquella que se impone sobre quien padece mayor precariedad y cuando criminales y autoridades son cómplices en esa práctica; la injusticia resulta brutal.

    Es el caso de la extorsión experimentada por las madres y esposas que acuden a visitar a sus parientes en las cárceles de la ciudad de México.

    La asociación de autoridades, custodios e internos ha promovido un negocio multimillonario a costa del despojo sufrido por la comunidad de mujeres que frecuenta las cárceles del Distrito Federal.

    Esta empresa podría significar, a precios actuales, más de tres mil 500 millones de pesos al año.

    La inmensa mayoría son madres (54.8%), pero también acuden las esposas y parejas de los internos (17%). Se les cobra cuota por todo, por ingresar alimentos, agua, medicina, zapatos y ropa. Por contar con una silla o una mesa, por mandar traer al recluso, por la visita conyugal, por no portar la ropa adecuada.

    También se les extorsiona para que no golpeen al pariente, para que no lo castiguen, para que no lo trasladen a otra área, para que cuente con una cama, para que tenga colchón, para hacerse de una barra de jabón.

    Así se explica el tamaño de la mina: contribuciones de a 20, 50, 80, 500, mil pesos y más, por bien, servicio y cabeza.

    “Al principio nos pidieron 5 mil pesos para no castigarlo … una vez se enfermó (y), como no le daban medicinas, le metí pastillas en la comida.” “En la aduana de entrada si dicen que algo no entra, con dinero sí entra.” “En lugar de pagar mesa, nos rentan botes en 5 pesos; también la cobija en 25. La mesa está entre 20 y 70 pesos.” “Me dijeron que (para entrar) a partir del sexto mes pagaba (cuota) doble porque (mi bebé) ya contaba como persona.” “Tuve que pagar mil 400 y (luego) mil 800 para que no lo golpearan.”

    La investigación está firmada por Catalina Pérez Correa, académica del CIDE. No es la primera vez que ella sorprende con un reporte basado en encuestas realizadas dentro de las prisiones mexicanas.

    Pero esta vez no deja duda sobre el nivel de colusión que hay entre autoridades y criminales; tampoco sobre quiénes son las verdaderas víctimas de la corrupción del Estado mexicano.

    El ingreso promedio de una familia cuyo pariente se encuentra en prisión ronda los 800 pesos semanales. Difícilmente una familia puede sobrevivir con ese dinero y sin embargo ellas destinan entre mil y dos mil pesos mensuales a la sobrevivencia de sus hijos y parejas que están en la cárcel.

    El reporte lleva por título Las mujeres invisibles: los verdaderos costos de la prisión. Fue financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y puede consultarse en: http://equidad.scjn.gob.mx/las-mujeres-invisibles/.

    No es necesario que la madre acuda al penal portando dinero en efectivo para cubrir las cuotas más grandes. El sistema de extorsión permite los depósitos en cuenta bancaria y suele autorizarse el pago en mensualidades.

    Resulta difícil suponer que esta maquinaria infernal incluye como únicos socios a quienes administran la parte baja de la pirámide penitenciaria. Un negocio tan inmenso sólo es concebible con la participación de los mandos medios y probablemente los más altos del gobierno del Distrito Federal.

    La ciudad capital se ha vuelto un territorio muy envilecido por la corrupción. Todo bien o servicio público se subasta. Frente a ello los chilangos somos mansos y tolerantes corderos: suponemos que las cosas no pueden ser de otra forma.

    Con todo, revuelve el estómago constatar que la persona más vulnerable —la madre que debe padecer la triple jornada (trabajo, casa y prisión)— es objeto de tanta injusticia.

    ZOOM: La cárcel es un lugar que debe ser observado con lupa porque sirve para comprender, a menor escala, cómo funciona el gran mosaico de la sociedad.

    www.ricardoraphael.com
    @ricardomraphael



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