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Historias de reportero | Carlos Loret de Mola

El legado de Obama

Nació en Mérida, Yucatán, México. Es Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) Es conductor del ...

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Jueves 09 de abril de 2015

Su lugar en la historia lo tenía asegurado por el simple hecho de ser el primer presidente negro de Estados Unidos. Su desempeño, más bien discreto en la política doméstica, parecía confirmar que le bastaría con “nadar de muertito”, pero casi al final de su gestión y sin mayoría en el Congreso, Barack Obama desafía el síndrome del pato cojo y apuesta fuerte en la política exterior para hacer Historia. Así. Con mayúsculas.

No se conforma con haber enderezado el desastre económico que recibió hace siete años. Mira hacia fuera: Birmania, Cuba e Irán son sus apuestas. Fue el primer presidente estadunidense en pisar Rangún (la histórica capital birmana, desplazada desde 2005 por Naipyidó) y dialogar con el más suave líder del durísimo régimen militar vigente con diferentes máscaras desde hace 50 años, luego rompió el hielo de seis décadas con La Habana y ahora se empeña en negociar un acuerdo que termine la guerra fría de 36 años con Teherán y desactive la amenaza nuclear.

De todo su tablero, la iraní es la apuesta más ambiciosa y de mayor riesgo porque involucra a toda la explosiva región de Medio Oriente. El caso birmano es el menos llamativo pero ilustra lo que el columnista de The New York Times Thomas L. Friedman ha llamado la “Doctrina Obama” a partir de lo que el propio presidente le comentó en una reciente entrevista: el acercamiento, que implica el aseguramiento de sus intereses estratégicos, es mucho más productivo para Estados Unidos que la política de sanciones y aislamiento interminables.

En cumplimiento de esa doctrina, hace dos años fueron levantadas las sanciones económicas a Birmania y comenzó la entrega de ayuda anual de 500 millones de dólares. Pero el régimen mantiene su pésimo récord de democracia y derechos humanos, ha intensificado la persecución militar contra minorías étnicas y se niega a cambiar la Constitución que prohíbe ser presidenta de la nación a la favorita del pueblo, la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

Por eso Birmania sirve a los opositores de Obama para predecir el desastre con Cuba y con Irán: los anticastristas recalcitrantes llaman a Obama procomunista y la derecha radical llega al extremo de acusarlo de antisemita y de poner en riesgo la existencia de Israel.

La negociación con Irán ha producido un acuerdo preliminar —aprobado por Rusia, Reino Unido, Francia, China y Alemania— que permite a Teherán seguir su proyecto de generación eléctrica con energía nuclear y que según la administración pospone la amenaza de una bomba diez años y permite vislumbrar una paz duradera en Medio Oriente en un futuro cercano. El acuerdo final se planea para junio o julio.

Arabia Saudita e Israel lo rechazan con vehemencia. Los republicanos en el Senado de Estados Unidos exigen que se vote una ratificación del acuerdo preliminar. De los cien asientos, 54 pertenecen a los republicanos y 47 de ellos anuncian que van en contra. Y dicen no a la eliminación de sanciones a Irán.

La apuesta de Obama puede ser detenida en el Congreso o, peor, si pasa esa aduana y luego se impone el efecto birmano, puede terminar pasando a la historia como el causante de un gran desastre.

Pero si logra sus objetivos, su legado será de esos que marcan a los grandes líderes. Nada está garantizado.

carlosloret@yahoo.com.mx



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