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Historias de reportero | Carlos Loret de Mola

¿Los une la amapola?

Nació en Mérida, Yucatán, México. Es Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) Es conductor del ...

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Miércoles 08 de abril de 2015

Las policías comunitarias de Guerrero constituidas desde hace 19 años y los grupos de autodefensa surgidos recientemente protagonizan una disputa por el control de distintas regiones del estado, pero hay algo que las une: ambas quieren el retiro del Ejército y la Policía Federal de sus municipios.

Enfrentadas entre sí, argumentan para ese objetivo común que desde la llegada de los soldados a la zona ha aumentado la inseguridad e incluso hablan de abusos de los militares.

Un documento de inteligencia del gobierno federal al que tuve acceso, registra ese fenómeno. Pero no sólo eso. Señala un posible riesgoso origen para esa demanda compartida: los municipios donde operan las policías comunitarias y los grupos de autodefensa es un paso clave en el tráfico de la goma de opio obtenida de la amapola y que sirve de base para la elaboración de heroína.

En Guerrero, según la inteligencia federal, se concentra 98% de la producción de amapola del país. El paso de la región en la que se encuentran Petaquillas y el poblado vecino de El Ocotito, bastiones de estas organizaciones sociales, es controlado por el Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), organización que, de acuerdo con las agencias del gobierno de Barack Obama, desplazó en años recientes al régimen talibán de Afganistán como el principal exportador de heroína a EU.

En la guerra de la amapola, entre los cárteles del narcotráfico que se disputan la supremacía en Guerrero, está buena parte de la explicación de la descomposición en esa entidad, la ola violenta de por lo menos los últimos cinco años y el germen de lo que desembocó en el caso de los normalistas de Ayotzinapa.

Y el gobierno federal considera que es el origen de la actitud combativa que se ha visto entre las organizaciones populares de Petaquillas y El Ocotito en contra de la presencia de las fuerzas federales.

Fue en El Ocotito, el pasado 7 de febrero, donde el comandante de la Policía Federal conocido como Espartaco, José Luis Solís López, fue retenido durante seis horas por policías comunitarios, quienes protestaban por la detención de dos de sus compañeros. El mando federal fue liberado y los dos comunitarios también.

Ese mismo día, pobladores de Petaquillas, con mujeres por delante, habían enfrentado a soldados del Ejército que pretendían convencerlos de levantar el bloqueo de la carretera Chilpancingo-Acapulco.

A la hora de repudiar la presencia de policías y soldados, la CRAC-PC (Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias-Policía Comunitaria) y los autodefensas de la UPOEG (Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero) hacen frente común. Fuera de ese tema, la disputa entre ellos no tiene tregua.

La explosividad de la zona se confirmó la semana pasada, el 30 de marzo, en el muy cercano municipio Juan R. Escudero, colindante al este con Acapulco y al norte con Chilpancingo: un enfrentamiento entre hombres armados de la UPOEG y del Frente Unido para la Seguridad y el Desarrollo Social en Guerrero (Fusdeg, grupo de autodefensas) dejó 6 muertos y 10 heridos. La comunidad de San Juan del Reparo, donde ocurrió el choque armado, también está en la ruta de la amapola.

historiasreportero@gmail.com



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