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Política Zoom | Ricardo Raphael

Medina no suelta la embajada

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Lunes 06 de abril de 2015

La independencia del Poder Judicial sólo se vuelve verdad cuando cada juez es autónomo en su actuación frente a los demás poderes constitucionales y otros intereses ilegales o ilegítimos.

El argumento es de Luigi Ferrajoli, gran jurista italiano, quien advierte que la independencia del Poder Judicial recae —como responsabilidad— en la autonomía de cada uno de los jueces que lo integran.

Por la importancia de este principio es que el nombramiento del último ministro de la Suprema Corte, Eduardo Medina Mora Icaza, provocó tanto cuestionamiento.

Fue síntoma muy saludable de la opinión pública mexicana que el escrutinio haya sido exigente, a pesar de que algunos abogados del ex embajador calificaron como paranoicas las acusaciones que se hicieron sobre los intereses que este personaje ha representado a lo largo de su trayectoria.

Tres argumentos fueron arrojados en su contra: 1) sus vínculos empresariales antiguos con los sectores de las telecomunicaciones y la energía; 2) el desempeño como secretario de Seguridad Pública y como procurador general de la República durante la guerra mexicana por las drogas (2007-2012) y; 3) la supuesta proximidad personal (¿amistad?) entre el presidente Enrique Peña Nieto y el ministro ratificado por el Senado, el 11 de marzo pasado.

Los tres razonamientos tienen como origen la misma preocupación: ¿será el nuevo integrante de la Corte un hombre capaz de honrar los principios relativos a la autonomía de los jueces y la independencia del Poder Judicial?

Lo quiera o no, Medina Mora está obligado a mostrar —acaso más que cualquiera de sus pares— que no lo mueven, ni conmueven intereses ajenos a su mandato.

De ahí que resulte preocupante que el flamante ministro reciba todavía hoy favores inadecuados del Poder Ejecutivo.

Apenas el viernes 3 de abril, la familia del ex embajador habría comenzado a hacer maletas para abandonar la residencia oficial en Wa-shington D.C. y, hasta ese día, habría utilizado los vehículos que son propiedad de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Medina dejó de ser representante del Estado mexicano ante EU el 18 de febrero, cuando el presidente Peña Nieto lo propuso ante la Cámara Alta. O si se prefiere, puede considerarse como fecha de su renuncia a la cancillería el día en que los senadores lo ratificaron como ministro.

En el más benévolo de los escenarios lleva 20 días naturales sin estar vinculado con la SRE, sus recursos económicos o materiales. Pero en la circunstancia más realista hace mes y medio que debió renunciar a sus privilegios como embajador.

Sin embargo, este integrante del Poder Judicial utilizó bienes y presupuesto asignados al Poder Ejecutivo durante un periodo en que tales prerrogativas son ilegales.

La historia se complica aún más: Laura de Guadalupe Pérez Vázquez, esposa del ministro Medina Mora, permanece en Washington, D.C. y hace unos días fue contratada como empleada por la sección consular mexicana de la embajada ante Estados Unidos. En efecto, mientras su marido dejó la SRE, ella entró a trabajar a esa dependencia.

Si el uso de recursos procedentes del Poder Ejecutivo es un asunto contrario al comportamiento ético y legal de un ministro de la SCJN, la recientísima contratación de la cónyuge de Medina Mora es del todo inaceptable.

ZOOM: La pregunta revive. ¿Es Eduardo Medina Mora Icaza un juez autónomo frente a los demás poderes constitucionales? De no serlo, ¿pone su reciente nombramiento en riesgo la independencia del poder Judicial?

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