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Política Zoom | Ricardo Raphael

Yo no soy Carmen

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Jueves 19 de marzo de 2015

El martes 30 de mayo de 1984 fue asesinado el periodista Manuel Buendía. El arma que lo mató quería mandar un mensaje preciso: la prensa mexicana no estaba autorizada para investigar los nexos entre la política y el narcotráfico.

Durante muchos años el periodismo de investigación eludió aproximarse al tema. Hoy continúa siendo riesgoso exhibir a los delincuentes que cubren su rostro con la máscara del Estado mexicano.

Hay reporteros excepcionales que han brincado esa prohibición y sin embargo la sentencia sigue tan vigente como hace tres décadas. Algunos han pagado costos, otros han tenido suerte. Pero la gran mayoría mira para otro lado cuando se topa con el nido que comparten criminales y funcionarios públicos.

En algo cambió México cuando la autoridad ya no arrebata la vida al periodista, como lo hizo con Buendía. Sin embargo, los mensajes mafiosos se han vuelto a poner de moda.

Como en aquel entonces, no sólo se trata de callar al mensajero, sino de obligar a que el mensaje se entienda fuerte: "Disgusta el periodismo de investigación".

Quienes nos dedicamos a este oficio ya escuchamos. No se necesitaba de tanto teatro; los desplegados y la publicidad para humillar a Carmen Aristegui, Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera e Irving Huerta fueron exagerados.

Con menos hubiera bastado para conocer los límites que desean imponer a la prensa.

Ahora, como en el pasado, el mensajero los tiene sin cuidado. Le desprecian. Lo fundamental es dejar en claro que en México no hay condiciones para hacer investigación periodística.

Los reporteros que se arriesgan a hacerlo pueden ser expulsados de su medio, aunque gocen del mayor respaldo social. Sus patrones serán sujetos de extorsión y las fuentes podrán sufrir represalias porque el espionaje del Estado (y otros actores) se encargará de ponerles en riesgo.

México es un país donde resulta peligroso ejercer el derecho a la libertad de prensa. Ciertamente lo es menos cuando se escribe una columna como ésta; contra lo que pueda suponerse, la opinión y el análisis amedrentan poco. Acaso sea porque al político de hoy le da pereza la lectura de tanto párrafo.

En cambio les pone muy mal el trabajo independiente, riguroso y bien fundamentado del reportero. Saben que la información dura derroca gobernantes. Y también que hay una mina de corrupción que apenas comienza a ser explotada por periodistas prestigiados.

Mexicoleaks es una plataforma de interés público concebida para mejorar las condiciones del periodismo mexicano de investigación. Fue diseñada para proteger fuentes y reporteros, frente a los poderes afectados por su tarea.

Resulta una mala broma que MVS -o quien detrás suyo usa la máscara- haya escogido el vínculo de Aristegui con esta iniciativa social como pretexto para atacar su trabajo.

El mensaje no tiene ambigüedades, es contra el periodismo de investigación y no sólo contra Carmen.

Sería un error pensar que todo embate es contra el mensajero. Lo que está amenazada es la investigación periodística.

Por ello se equivocó quien, inspirado en la defensa al semanario Charlie Hebdo, sugiere replicar la frase "Yo soy Carmen".

Ella no merece que usurpemos indebidamente su personalidad. Son obra suya y sólo suya la integridad, esfuerzo y tenacidad que la caracterizan.

Carmen Aristegui, en cambio, sí forma parte de un nosotros muy amplio que está dispuesto a responder con más periodismo, cuando el poder autoritario exige silencio y complicidad.

El mensaje fue recibido. Y va de vuelta: con el ejemplo de los colegas aludidos, ese nosotros extenso hará más y no menos periodismo. La investigación es nuestra mejor defensa y, como ya lo hicieron saber, es la peor debilidad de los enmascarados.

ZOOM: "Estoy vivo. La historia es simple. Lo complicado es el silencio". Charles Bowden (+), periodista.

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