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Política Zoom | Ricardo Raphael

Guillermina de la Torre, dueña del PRI-DF

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‘La Dueña’, como se le conoce en su organización, es la actual presidenta de la Unión de Pepenadores Rafael Gutiérrez Moreno. Es millonaria, fue aspirante a jefe delegacional de Iztapalapa y logró en fecha reciente la nominación como candidata a diputada federal

Lunes 09 de marzo de 2015

Al escritor le hizo falta imaginación: cuando despertó no halló un dragón, sino muchos y más voraces.

Desde el mirador del presente los caciques de otra época parecen habitantes de un mundo de juguete. Rafael Gutiérrez Moreno —el Zar de la Basura— fue un hombre terrible, pero su descendencia se multiplicó y con ella la capacidad para hacer daño a la sociedad.

El 14 de febrero de 1987 fue asesinado en su propia cama, mientras dormía al lado de su última esposa y su último hijo. Le pegaron cuatro tiros. Más tarde se supo que fue esa misma mujer quien ordenó y pagó el asesinato.

La viuda relató ante el juez los horrores que sufrió durante once años de matrimonio: “Abusó de mi madre, de mi sobrina (de quince años), de todas las mujeres de mi familia”.

El jefe de la policía, Jesús Miyazawa, describió al sujeto como “un degenerado, mafioso y violador”. Olvidó precisar que también había sido diputado del PRI.

Su poder creció gracias a que desde las alturas lo protegieron. El Zar financió la campaña a diputado de Carlos Sansores Pérez y llevó a varios miles de pepenadores para que votaran por él en las elecciones de 1972.

Después del triunfo, ese político nacido en Campeche fue presidente de la Gran Comisión del Congreso mexicano.

Con este éxito Rafael Gutiérrez aprendió a ser un aliado político imprescindible. En vida fue capaz de movilizar cantidades enormes de dinero y también de acarrear muchas almas para los mítines priístas.

A cambio de sus servicios, la cúpula política le regaló inmunidad. Dentro de su feudo —los basureros de Santa Cruz Meyehualco y Santa Catarina— la única ley que se cumplía era la suya.

Ahí ejerció el derecho de pernada sobre las hijas de los pepenadores hasta que sumó 56 vástagos; la vida sin embargo no le alcanzó para satisfacer su deseo más viril: superar la centena.

Rafael Gutiérrez se adueñó de la existencia de 18 mil personas dedicadas a la pepena. Explotó sin pudor seres humanos, cometió asesinato, desapareció adversarios, secuestró enemigos y así logró fundar la Unión que hoy lleva su nombre.

En su mejor momento la caja de este imperio registró, a valor presente, un millón de pesos diarios.

No fueron los políticos de la época quienes le pusieron un alto, tampoco la prensa se atrevió a denunciarle. No fue la autoridad quien lo enfrentó, ni un juez quien lo sentenció por sus arbitrariedades. Tuvo que ser alguien de su intimidad la persona que se atrevió a hacer justicia por mano propia.

Nadie sabe para quién trabaja: otra mujer, Guillermina de la Torre Malváez —primera esposa del Zar— heredó al final buena parte del imperio. Ella, junto con sus hijos, mantuvo sometidos a los pepenadores, compró autoridades y se colocó por encima de los mortales.

Su poderío de hoy es superior al que tuvo su ex marido.

La Dueña, como se le conoce en su organización, es la actual presidenta de la Unión de Pepenadores Rafael Gutiérrez Moreno A.C. Es millonaria, fue aspirante a jefe delegacional de Iztapalapa y logró en fecha reciente la nominación como candidata a diputada federal por el PRI.

Detrás suyo, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, también ascendió la escalera política para perpetuar la impunidad del feudo familiar.

Ha sido líder del Movimiento Territorial priísta, diputado (local y federal) y presidente del tricolor en la capital, hasta que fue acusado por organizar una red para la trata de personas.

Don Rafael, el hombre que murió con tres diamantes incrustados en sus dientes frontales, hubiera envidiado a su descendencia. Su primera mujer terminó volviéndose, junto con su hijo Cuauhtémoc, la dueña de la basura y también del PRI-DF.

ZOOM: Allá afuera se reconoce la crisis de confianza que enfrenta el gobierno y su partido. ¿Por qué en casa ocurre diferente?

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