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Política Zoom | Ricardo Raphael

Dos países que tratan distinto a la corrupción

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El control político que continúa prevaleciendo sobre el proceso penal es la causa de un México donde la impunidad es reina y los gobernantes sus monarcas absolutos

Jueves 08 de enero de 2015

Quizá sea solo una coincidencia cósmica o podría también implicar una mala broma de la diosa Fortuna, en cualquier caso no pasó desapercibido que el mismo día en que Enrique Peña Nieto aterrizó en Washington D.C. los medios estadounidenses dedicaron sus principales páginas a la sentencia de dos años de prisión que un juez impuso contra el ex gobernador de Virginia por haber aceptado indebidamente regalos, viajes y préstamos a cambio de los favores políticos que entregó a un rico empresario.

Hace no tanto tiempo Robert F. McDonnell tuvo todos los astros de su lado. Hizo una carrera política exitosa como procurador de su estado y también como representante popular. Una vez gobernador de Virginia comenzó a mirársele como un posible candidato presidencial del Partido Republicano para las elecciones del año 2016.

Sin embargo, el directivo de una empresa dedicada a vender suplementos alimenticios, John R. Williams, utilizó a este funcionario público y a su esposa Maureen para que promovieran sus productos y a cambio les regaló relojes, ropa cara, estancias en su casa de campo, viajes en su jet privado, les propuso que compraran acciones de su empresa, Star Scientific y les ofreció préstamos en dinero.

Tanto el gobernador como la primera dama de Virginia sucumbieron ante la seducción. Se calcula que recibieron beneficios hasta por un monto de 165 mil dólares, es decir cerca de 2 millones y medio de pesos.

Las pruebas de esta relación ilícita entre la autoridad y el empresario se exhibieron ante un jurado federal y McDonnell, así como su mujer, fueron hallados culpables. La sentencia la impuso un juez federal: además de los dos años de prisión se sumaron otros dos de libertad condicional. Maureen todavía está en espera de veredicto judicial.

En la sentencia quedaron consignados dos argumentos que vale rescatar. Por un lado el juez repudió al político republicano por haber violado la confianza pública y por haber ensuciado el cargo más alto del estado de Virginia. Por el otro, el juzgador aseguró que con su decisión buscaba restaurar y mantener la integridad del poder público y también "confirmar el compromiso de perseguir a todos aquellos funcionarios que cometan crímenes."

La pena de prisión no fue mayor porque el monto económico del acto ilegal es bajo y porque el ex gobernador no obstruyó la acción de la justicia mientras se le sometió al proceso criminal.

Al salir del juzgado McDonnell pidió disculpas, afirmó que con su comportamiento se hirió a sí mismo, a su familia y a la gente de Virginia. Se dijo muy arrepentido.

Las fotografías de los diarios estadounidenses dieron cuenta de la dramática situación de este político estadounidense caído en desgracia. A unas cuantas páginas, esos mismos medios consignaron la visita de Peña Nieto a la capital estadounidense.

No debió ser tarea fácil para la prensa del país vecino lidiar, durante la misma jornada, con informaciones tan contradictorias. De un lado un gobernador que cae por haber recibido favores ilícitos de un millonario y por el otro un dignatario que ha sido señalado en su propio país, por motivos similares, sin que nada pueda ocurrirle.

Políticos corruptos los hay en todas partes; la diferencia entre geografías está en el papel que juegan los fiscales y los jueces. La independencia del poder Judicial en Estados Unidos y la dificultad para que los políticos obstruyan la investigación son la causa de que un líder republicano destacado como McDonnell vaya a pasar una temporada en la cárcel.

En sentido inverso, el control político que continúa prevaleciendo sobre el proceso penal es la causa de un México donde la impunidad es reina y los gobernantes sus monarcas absolutos.

El caso del ex gobernador de Virginia sirve para comprender porqué es ilícito que el gobernante reciba préstamos de los empresarios favorecidos por su función, también ilustra las razones por las que una autoridad no puede beneficiarse personalmente de un bien inmueble propiedad de un donante de campaña y tampoco de su jet privado; igual ayuda a entender porqué los regalos que recibe su conyugue pueden ser considerados como un soborno.

 

ZOOM: Cabría esperar alguna otra coincidencia cósmica: las relaciones corruptas entre políticos y empresarios dedicados a la venta de suplementos alimenticios son también un asunto observado en México.

 

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