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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

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Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

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Jueves 01 de enero de 2015

Difícilmente lo será, por más que de todo corazón uno lo deseé. El 2015 que comienza mañana, se plantea como uno de los más complicados en los últimos tiempos. Para empezar, el panorama económico se ve oscurísimo: dos de nuestras principales variables empeorarán día a día; el precio internacional de nuestro barril de petróleo, que ya rompió a la baja la barrera de los cincuenta dólares, sigue en picada y amenaza con quebrar ahora la de los cuarenta, lo que implicaría un verdadero desastre; mientras tanto, en sentido contrario, el dólar ha seguido al alza y destrozado el techo de los quince pesos y aunque se ha mantenido alrededor de ese parámetro, no hay señal alguna que permita anticipar su regreso ya no a los trece, sino ni siquiera a los catorce pesos. Se trata sólo de dos de los indicadores que anticipan escenarios que, aterrizados en las calles y las casas, serán necesariamente adversos: una inflación si no galopante, si constante; pérdida del poder adquisitivo, sobre todo de la clase trabajadora y aumento desbocado del desempleo. Si se añaden otros factores la cosa se pondrá todavía más peliaguda: la crisis de la reforma fiscal, que ya los señores del dinero han calificado como fallida y con la cual parecen trabajar bajo protesta; y el consecuente reventadero de micro, pequeñas y medianas empresas. Todo ello contribuyendo a reducir la expectativa de crecimiento del país en su conjunto; que ya de por sí ha sido el más bajo de la última década y que el año que inicia difícilmente llegará al 2.7%, calculado por los geniecillos de la Secretaria de Hacienda y el Banco de México.

Frente a los números, la prospectiva del entorno social es todavía más preocupante. Al desánimo generalizado por la crisis económica, se añadirán otros factores a partir de este enero, que con todo y su cuesta comienza mañana. En sólo tres días más, el cuatro, se cumplen cien días del aun no resuelto caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala y no se necesita ser muy listo para anticipar movilizaciones exacerbadas que pueden derivar en violencia, enfrentamientos y hasta algo más. Aún los obsecuentes del poder han debido reconocer que las apuestas al tiempo y al olvido fallaron estrepitosamente. Ahora es al revés, el tiempo opera en contra y cada hora que pasa crecen la irritación, la rabia y el encono. Añádase el reavivamiento de focos rojos que ya se creían desactivados como los de Michoacán y los riesgos de un estallido social se multiplican geométricamente. Todavía más: el factor Elecciones 2015 puede ser un catalizador en ambos sentidos, pero lo más probable es que las contiendas entre partidos y candidatos por gubernaturas, alcaldías y diputaciones enardezcan más aun un ambiente ya de por sí explosivo.

Por todo ello, urge un golpe de timón del gobierno federal que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto. ¿Cuál? Él tiene que haberlo decidido en los días recientes. Tal vez una señal para establecer que hay cambio y hay rumbo. Lo que sabemos de cierto es que urge un puente entre el México de hoy y el beneficiario de las reformas. Entre el de las promesas y el México nuestro de cada día.

Periodista. ddn_rocha@hotmail.com



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