aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Bucareli | Jacobo Zabludovsky

Un siglo y cuatro etapas

Periodista y licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Inició sus actividades period ...

Más de Jacobo Zabludovsky



COLUMNAS ANTERIORES


Ver todas sus columnas
El Templo Mayor era el centro de la cosmovisión mexica y su aniquilamiento, indispensable para imponer la ideología de los conquistadores. Se conservaron en lo más profundo partes de las primeras edificaciones

Lunes 22 de diciembre de 2014

El descubrimiento del Templo Mayor cumple este año 100 sin jolgorios ni celebraciones, excepto una excelente edición especial (número 56) de la revista Arqueología Mexicana titulada: “El Templo Mayor, a un siglo de su descubrimiento”, homenaje a quienes han logrado recobrar uno de los conjuntos urbanos y religiosos más valiosos en la historia de los rescates arqueológicos.

El relato y primero de cuatro capítulos en que podríamos dividir este esfuerzo, comienza en 1914 cuando don Manuel Gamio encuentra, en la esquina de Santa Teresa (hoy Guatemala) y Seminario la esquina sureste del Templo Mayor de Tenochtitlan, descubrimiento que corroboraba datos de códices y testimonios antiguos coincidentes en señalar que el gran centro ceremonial azteca estuvo en la intersección de las calzadas de Iztapalapa, Tacuba y Tepeyac.

El segundo capítulo empieza el 21 de febrero de 1978, hallazgo casual de la monumental escultura de Coyolxahuqui por obreros de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. El arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma captó desde el primer momento la trascendencia y magnitud de lo que apenas asomaba bajo la banqueta de Guatemala, donde lo conocí esa noche. El 20 de marzo comenzó y se hizo cargo del proyecto Templo Mayor. Noticieros de Televisa, entonces bajo mi dirección, captaron todos los días durante varios años el avance de los trabajos; las imágenes deben estar en la videoteca de esa empresa y son, sin duda, uno de los documentos más minuciosos en los anales de la investigación arqueológica mundial. Matos Moctezuma estuvo al frente de la exhumación del recinto sagrado de Tenochtitlan la mayor parte de los 36 años transcurridos, la última parte de ellos a cargo de Leonardo López Luján. En la superficie excavada, casi 15 mil metros cuadrados, se han hecho descubrimientos de valor incalculable; sólo detallados desbordarían esta página del periódico.

Atribuyo en gran parte a los trabajos del Templo Mayor (todavía en proceso interminable, extendidos en toda su periferia hasta San Ildefonso por el norte, Moneda por el sur, Correo Mayor por el oriente y el Zócalo, incluyendo el Sagrario y la Catedral por el poniente) las obras simultáneas y posteriores devenidas especie de renacimiento del Centro Histórico de la ciudad de México.

El Templo Mayor es el centro del Centro Histórico. Fue destruido para aniquilar una religión e imponer otra por la fuerza tras una resistencia heroica. Fueron tantos los defensores muertos que Hernán Cortés se alejó dos años a Coyoacán y a Cuernavaca para esperar la descomposición de miles de cadáveres que cegaban las acequias y hacían inhabitable el lugar. El Templo Mayor era el centro de la cosmovisión mexica y su aniquilamiento, indispensable para imponer la ideología de los conquistadores. Se conservaron en lo más profundo partes de las primeras edificaciones del conjunto ceremonial, las descubiertas en estas cuatro décadas. Alrededor los vencedores construyeron la capital del virreinato.

El tercer capítulo puede ser, entonces, el nombramiento por el presidente Vicente Fox, de acuerdo con Andrés Manuel López Obrador, del Consejo Consultivo del Centro Histórico, impulsor de la transformación que lo convirtió en el mayor atractivo turístico del país y en orgullo nacional. Su recuperación es ejemplo de lo que hoy se hace en otras ciudades del mundo.

La cuarta etapa despega con el inicio de los trabajos de rescate del barrio de La Merced, el más antiguo de América con 700 años de continua ocupación, proyecto complejo porque se plantea la solución de problemas urbanos ancestrales, agravados por factores diversos, entre ellos la desidia y el descuido, sin afectar la vocación mercantil de sus vecinos, protegiendo los intereses, costumbres, medios de subsistencia, educación y diversión durante los años calculados para realizar los planes. Su experiencia ayudará a todos los barrios capitalinos.

La ciudad, el mejor invento del hombre según dijo no sé quien, es un organismo vivo, en constante evolución, a veces para bien, a veces para mal. La nuestra se ha transformado para mejorar a la luz de aquel foco de la calle de Guatemala donde una madrugada iluminó piedras que guardaban en la sombra de siglos su belleza.

Bernal Díaz del Castillo, en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, expresa su asombro: “De que vimos cosas tan admirables no sabíamos qué decir o si era verdad lo que adelante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades y en la laguna otras muchas y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchos puentes de trecho a trecho y por delante estaba la gran ciudad de México”.



PUBLICIDAD