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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

Alarma sin respuesta

Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

En 1977 cubrió por dos meses la ...

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Mientras tanto, nuestro inconmovible gobierno federal sigue esperando el diagnóstico que ha de venir desde Austria

Miércoles 17 de diciembre de 2014

Sólo hay algo más estruendoso que la intermitencia de focos rojos y el ulular de sirenas: es el silencio de quienes debieran ver y escuchar, pero en cambio se van de vacaciones. Como si huir del escenario en conflicto fuera la solución. Así que, cual se tratase de un concurso de autismo, tenemos un gobierno ausente y errático, un Congreso en fuga que ha dejado un tiradero y una Corte mezquina y encerrada en sus propios intereses.

Ninguno de los tres poderes de la nación escuchó el estallido de Chilpancingo. Pero si lo oyeron, no les ha importado. Hay mucha más urgencia de correr a las playas que en conjurar una revuelta que puede crecer y multiplicarse hasta llegar al caos, la sangre y la anarquía totalmente fuera de control. No son sólo las voces que hablan cada vez más de radicalización, desestabilización y hasta revolución. Ahí están los hechos cotidianos e incontrovertibles. La diferencia entre la rabia y la insurrección ha sido de milímetros: los que separan a una fractura, de un golpe mortal; a un atropellamiento, de un homicidio. Por eso las preguntas no tienen nada de catastrofistas: ¿qué va a pasar a partir del primer muerto en esta etapa de protestas por los 43 de Iguala-Ayotzinapa? ¿Hasta dónde llegará la furia cuando se sepa exactamente cómo y por qué ocurrió?, ¿y si de verdad participaron el Ejército y fuerzas federales, cuál será la reacción de los más extremos?

Mientras tanto, nuestro inconmovible gobierno federal sigue esperando el diagnóstico que ha de venir desde Austria. Aquí ha sido inútil la captura de los Abarca: sobre el ex alcalde ni una palabra; sobre ella, la petición de 20 diítas más de arraigo para “acabar de armar su caso” y la declaratoria meliflua de la PGR de que “no han querido decir nada”. A propósito, nadie esta pidiendo que traigan a los torturadores de la CIA o al convincente Jack Bauer, pero ¿alguien puede creer que de los interrogatorios de nuestros órganos de inteligencia a los reyezuelos patéticos de Iguala no haya surgido ni siquiera un indicio de lo que pasó aquella noche del 26 de septiembre? A menos que, como se rumora, sea algo tan atroz que es indecible o tan brutal que más vale tenerlo guardado o tan inconveniente que han decidido correr el riesgo de apostarle al olvido. Si a 80 días de distancia nadie puede decirnos dónde están 43 muchachos desaparecidos, tenemos en el gobierno una partida de inútiles en los aparatos policiales de investigación e impartición de justicia. O estamos ante un gigantesco ocultamiento de la verdad; una mentira histórica. No hay de otras.

A ver: comienza el éxodo de vacacionistas y aumentarán las presiones y disputas por la emblemática Autopista del Sol, ¿alguien puede descartar incidentes virulentos entre manifestantes bloqueadores y los ansiosos por llegar a la bahía?; el próximo 4 de enero se cumplirán 100 días de la desaparición, ¿alguien podría suponer que se tratará de una conmemoración pacífica y sin manifestaciones violentas?

Ya entrados en las preguntas: ¿alguno en el gobierno podría asegurarnos que se han realizado todos los esfuerzos de diálogo para contener la tormenta que viene? Y para concluir: ¿habrá quien conteste el teléfono o abra la puerta cuando suceda?

Periodista.
ddn_rocha@hotmail.com



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