aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Atando cabos | Denise Maerker

La corrupción: el punto ciego de nuestra clase política

Realizó sus estudios profesionales en Ciencias Económicas y Sociales en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, la Maestría en Cienci ...

Más de Denise Maerker



COLUMNAS ANTERIORES


Ver todas sus columnas

Martes 16 de diciembre de 2014

No lo ven, o dicen no verlo. ¿Conflicto de interés? ¿De qué hablan? Todo es legal y es más, tanta insistencia con eso de las casas y el Grupo Higa ya los tiene molestos, se les ve incluso indignados.

Como si viviéramos en mundos distintos. Para algunos —entre ellos hombres inteligentes y bien formados— es normal y ético que un empresario contratista del gobierno en el que han trabajado les facilite créditos, compre por ellos terrenos o les construya sus casas. No le ven problema. Tan no se lo ven, o no lo vieron, que nadie objetó en el equipo del Presidente que su esposa participara posando en varias sesiones de fotografías en la casa que estaba a nombre del ahora famoso contratista. Tan no lo ven, que siguen dando explicaciones inverosímiles que los dejan quizá protegidos frente a la ley, pero expuestos ante la opinión de expertos y de no expertos en la materia, mexicanos y extranjeros. Una ley, dicho sea de paso, que nadie parece muy interesado en hacer valer. Los partidos de oposición ni siquiera se han molestado en crear una comisión que analice si las explicaciones dadas tienen sustento: si hubo contratos firmados, si se hicieron los pagos, si los adeudos se saldaron con dinero previamente declarado.

Pero la prueba más contundente de que la clase política mexicana no ve —o prefiere no ver— el peso que las prácticas desaseadas, poco transparentes o francamente corruptas están teniendo en el descrédito del sistema político en su conjunto es que dieron por terminado el periodo ordinario de sesiones en el Congreso sin antes aprobar el sistema nacional anticorrupción que propuso el PAN y que respaldaron más de 20 organizaciones de la sociedad civil.

Como si fueran inmunes a la exasperación de gran parte de la sociedad que exige con razón que se transparenten los bienes de los funcionarios y se garantice el uso apropiado de los recursos públicos. Es la legitimidad del sistema lo que está en juego, pero no lo ven. No ven que el nuevo mantra de la sociedad — como en otro tiempo fue la exigencia de elecciones libres— es que se termine con la corrupción y con la impunidad que la ha prohijado. Varias generaciones pelearon porque los votos contaran y se contaran bien, hoy parece nacer una exigencia absoluta, única como aquella, que se acabe de una vez con los desfalcos, los despilfarros y los abusos de una clase política hija, paradójicamente, de la democracia y del respeto al voto.

Pero en lugar de rápidamente sacudirse el estigma y votar una ley bienvenida por tantos, los diputados del PRI, del PRD, del PVEM y del Panal pretenden desafanarse de la exigencia pública de transparencia y rendición de cuentas con chicanas legislativas. Cuando todo parecía indicar que la iniciativa del PAN contaba con la mayoría porque el mismo Presidente había respaldado públicamente el sistema nacional anticorrupción, apareció en la comisión de puntos constitucionales un texto del que nadie asume paternidad y que retomando los mismos términos pero tergiversando la intención de la propuesta original dejaba a la cabeza del sistema anticorrupción al Presidente de la República y a los gobernadores. —Una burla— así la calificaron los que saben de esto. Y los priístas salieron sin pudor a declarar que ellos estaban dispuestísimos a votar el sistema nacional anticorrupción cuanto antes, claro el del texto huérfano de autores, pero que eran los panistas los que se negaban “por intereses electorales inconfesables”.

Total que nadie votó nada y se fueron de vacaciones. No reaccionaron a pesar del deteriorado ambiente de las últimas semanas. No lo vieron y no lo oyen. La resistencia al cambio es síntoma de su ceguera y de sus intereses. ¿Creerán que se puede seguir como hasta ahora? ¿Qué dos semanas de vacaciones apaciguarán los ánimos y se olvidará el agravio?

Lo dudo. Están jugando con fuego.



PUBLICIDAD