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Bucareli | Jacobo Zabludovsky

Octavio Paz y la TV

Periodista y licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Inició sus actividades period ...

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Un párrafo de Paz que parece escrito esta mañana: “Modernidad significa, ante todo, participación ciudadana y libre iniciativa de los grupos sociales”

Lunes 15 de diciembre de 2014

Coinciden los homenajes a Octavio Paz en el centenario de su nacimiento con la apertura en México de nuevas cadenas de televisión, herramienta que Paz usó a pesar de las críticas.

En público y en privado Octavio explicó sus razones. En sus Obras Completas, editadas por el Fondo de Cultura Económica en 1993, hace algunas referencias al asunto.

Tuve el honor de incluir una colaboración semanal suya en el noticiero 24 Horas, a mi cargo en el Canal 2 de Televisa. Alude a ello en el Tomo 15, página 369: “Colaboré en tres ocasiones con ellos. La primera, hace más de 15 años, en el noticiero de Zabludovsky, con un comentario semanal sobre asuntos de actualidad. En aquellos años, aunque parezca increíble, se había vuelto difícil para mi publicar en la prensa diaria. Colaboré en ese programa como antes y después lo he hecho en diarios y revistas. Gocé de libertad plena y no reniego de una sola palabra de lo que dije. Varios de esos comentarios han sido recogidos en mis ensayos. Después hice una serie, Conversaciones con Octavio Paz, en la que dialogué con muchos mexicanos distinguidos y algunos extranjeros sobre temas de literatura, arte e historia. El productor fue Héctor Tajonar; la dirección escénica y visual estuvo a cargo de Marie José Paz. Con ellos hice también la última serie, México en la Obra de Octavio Paz. Le confieso que siento cierto orgullo ante esas dos series. Me parece, lo digo sin vanidad, que no se ha hecho en México nada semejante. En cuanto a mis críticos: en esos mismos años casi todos eran apologistas de dictaduras sangrientas en Cuba y en otros países”.

En la página 489 del mismo Tomo, el poeta, filósofo, ensayista, dramaturgo, hombre universal abunda en los motivos de su conducta: “En cuanto a mi utilización de espacios no ortodoxos para los intelectuales: creo que los espacios son buenos si uno los usa bien. Lo que yo dije en Televisa no fue nada distinto de lo que he dicho en Plural y en Vuelta. Lo único que se me podría reprochar es que, por las necesidades del mismo medio, tuve que ser más ligero y más corto. Es explicable: es muy distinto escribir para un periódico que hacerlo para una revista o para la televisión. Son tres medios muy diferentes. En una revista uno puede reflexionar más y pedirle más al lector. En un periódico tenemos que ser más concisos pero, de todos modos, la letra cuenta implícitamente con la complicidad reflexiva del lector individual. La televisión exagera, en cuanto al rigor mental, los peligros de la oratoria. En fin no estoy arrepentido. No creo haber cometido un pecado. Lo habría cometido si yo hubiese dicho cosas distintas de las que digo. No acepté ninguna censura y nunca sometí mis textos a una idea previa. Por último, había publicado, un poco antes, una serie de artículos en un diario mexicano. Esos artículos me parecían importantes y me di cuenta de que la televisión podría ofrecer un público más vasto para ese mismo tipo de reflexión. La experiencia me hizo ver las limitaciones de la televisión: el ámbito de los oyentes es inmenso, pero, al mismo tiempo, es menos reflexivo y más desmemoriado que el de los lectores. La letra escrita penetra con mayor profundidad. En cuanto a mi idea general sobre la televisión: he pedido una televisión plural porque parto de la idea de que no hay un público, sino muchos públicos. Es necesaria una televisión más matizada y diversa, en la que aparezca esa pluralidad de voces, ideas y opiniones que corresponden a la diversidad y complejidad de los distintos públicos que componen eso que llamamos el público”.

Y un párrafo más, de 1985, que parece escrito esta mañana: “Pero no se trata de juzgar la acción estatal, sino de regresar al principio, al proyecto original de nuestra Revolución: devolverle la iniciativa a la sociedad y a los grupos que la componen. México no es ni el Estado ni los partidos ni una abstracción jurídica: es un pueblo complejo, vario, contradictorio. Una realidad plural, diversa. Pero es una realidad que jamás ha podido expresarse, una realidad acallada. Nuestra historia ha sido el monólogo de los jefes, el griterío de los sectarios y el silencio del pueblo… Todos han querido modernizar a México por arriba. Enorme contradicción pues modernidad significa, ante todo, participación ciudadana, libre iniciativa de los grupos sociales y de los individuos, acción desde abajo. El Estado, por más ilustrado y liberal que sea, no puede sustituir la acción popular”.

Es hora de volver a leer a Octavio Paz y entender lo que pasa hoy, tan complicado que parece callejón sin salida. No hubiéramos llegado a esta encrucijada si, a tiempo, hubiéramos meditado sobre algunas causas a las que sólo el pensamiento profundo de Paz pudo llegar para saber qué nos pasa.



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