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Política Zoom | Ricardo Raphael

Y para colmo se va Leñero

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Me atrevo a avanzar una idea que seguramente hallará coincidencias: Vicente Leñero fue hombre de talento entero en una sola pieza

Jueves 04 de diciembre de 2014

En mala hora parten los mejores. Te lo reclamo Vicente porque no era todavía tiempo. Mentiste cuando asegurabas que el cigarro no te haría daño. Me acabo de enterar de tu partida y estoy enojado por no haberme despedido; (confiesa el cobarde que no tuvo el coraje de verte sufrir).

Te lo dije una vez pero quería decirlo de nuevo: a ti te debo el oficio. Fue temprano, no sé si a los 15 o los 17. Creo que me pescaste con tu Evangelio de Lucas Gavilán y es que por aquel entonces todavía era yo algo religioso. Pero fue con Asesinato: el doble crimen de los Flores Muñoz, que realmente mordí el anzuelo.

Por tu culpa mi vocación se quedó a medio camino, entre escritor y periodista. Tú sí supiste labrar en ambas vocaciones y es que nunca te supiste estar quieto. Aunque conversabas sabroso y reías sin prisa, lo tuyo siempre fue izar velas en más de una embarcación profesional.

Los Periodistas fue el relato que dejaste para las siguientes generaciones de reporteros. Tardaríamos en saber que con ese texto no sólo estabas retratando el fin del periódico Excelsior y el comienzo de la revista Proceso, sino una lógica que vendría a alcanzarnos hasta este siglo XXI.

Somos una horda los que nos formamos en tu proximidad. Tus alumnos de la Iberoamericana, entre ellos Héctor Aguilar Camín y José María Pérez Gay, la camada de reporteros que pasaron por la revista que fundaste junto con Julio Scherer, y los muchos admiradores que vendríamos después.

¿Cuál será tu principal herencia? Nadie puede responder de manera definitiva a esta pregunta y sin embargo me atrevo a avanzar una idea que seguramente hallará coincidencias: Vicente Leñero fue hombre de talento entero en una sola pieza.

Como escritor, como periodista, como guionista de cine, como creador de teatro, como padre, como marido y como amigo fue un hombre apartado de su tiempo y su contexto: para ti los dobleces no fueron problema porque te viviste inmune a las tentaciones de la corrupción. Todo se debe a que la vanidad nunca movió.

La incomodidad que te provocaba aparecer en público la explicabas bien: fuiste una persona que habló por sus textos y no por el sobrevalorado talento del histrión. Así como los jueces sólo deben expresarse a través de sus sentencias, tú lo hiciste sobre todo por tus novelas, cuentos, ensayos, teatro y reportajes, y también por tu vocación docente que me regaló la suerte de conversar contigo más de una vez.

Te fuiste justo cuando andamos ayunos de ética y de periodismo bueno. Ahora que la tierra se nos quiebra entre dos Méxicos y una distancia que a ti siempre te dolió: la fractura entre el país de los Flores Muñoz y el de Los Albañiles. Los puentes entre esos dos Méxicos siguen quebrados; o peor: por estos días están siendo incendiados desde ambos extremos.

No es el diálogo y la parsimonia que tanto cultivaste lo que predomina en esta semana que te fuiste; mientras transcurrían tus horas peores, el país que tanto quisiste vive su propia tragedia.

Me quedo con más de una pregunta que no pude hacerte. Al menos tengo tus libros autografiados para seguir explorando el legado entrañable. Y conservo una que otra respuesta a tanta impertinencia que sí logré compartirte.

En la última ocasión hablaste largo de tus amigos, con los que participaste en charlas infinitas, físicas y metafísicas. No sospechabas entonces que don Julio iba a sobrevivirte. No sé cuándo te despediste de él pero supongo que nunca; no era tu estilo ponerle punto final a nada y menos a la amistad tan intensa y crítica que construiste con ese otro reportero.

ZOOM: Vicente Leñero fue un periodista que logró vivir apartado de las seducciones del poder; nunca pretendió ser consejero del Príncipe ni se creyó más listo que los políticos. Supo bien cuál era el lado de la cancha donde le correspondía jugar. Nos faltará como la ética nos falta, como la sencillez que no abunda, como la humildad que no tenemos, como el talento que tanto le seguiremos agradeciendo.

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