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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

México: última llamada

Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

En 1977 cubrió por dos meses la ...

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Miércoles 26 de noviembre de 2014

De acuerdo o no con mi artículo anterior, me reclaman que no propongo nada. Perdón, pero es lo que he hecho durante años a riesgo del hartazgo de quienes me leen, ven y escuchan.

Primero, una verdadera Reforma del Estado que comprenda, para empezar, un Congreso Constituyente que discuta y redacte una nueva Constitución acorde a los tiempos: vigorosa, moderna y futurista y guardar en un museo la multiparchada y supra violada que tenemos ahora. Una Reforma del Estado amplia y profunda que adecue y actualice las relaciones entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y revitalice las establecidas entre el poder Ejecutivo y los gobiernos de todos y cada uno de los estados; que acabe con aberraciones como un Distrito Federal con ciudadanos de segunda; que acote las facultades imperiales del Presidente y propenda un régimen más parlamentarista y de cogobierno; que legisle sobre una segunda vuelta; que proponga una democracia más ágil o menos elenfantiásica y mucho más austera que la voraz y corrupta que tenemos hoy; con cientos de millones provenientes de nuestros bolsillos para partidos políticos que, de cualquier manera no tienen llenadero y venden sus candidaturas al mejor postor; una corrupción que incluye por supuesto al crimen organizado, como ocurrió con los Abarca en Iguala con las consecuencias que han puesto al país en la frontera del caos.

En paralelo, a México le urge más que nunca un nuevo modelo económico que cambie la tendencia suicida de una pobreza siempre creciente. Acabar de una vez por todas con este modelo neoliberal que, podrán decir misa sus defensores, pero produce cada año más pobres. Y que día a día propende a una concentración brutal de la riqueza que ha derivado en una fragilidad social extrema. En la que son inútiles las llamadas grandes reformas estructurales, cuando un solo hecho como Iguala-Ayotzinapa puede quebrar el espejismo en instantes.

Las preguntas serían: ¿Para qué queremos una reforma político-electoral si no nos hemos atrevido a una Reforma del Estado? ¿Para qué nos sirve una reforma financiera si nos falta valor para implementar un modelo económico que deje de ver a los pobres con lástima y se decida a generar riqueza a partir de esa pobreza? ¿Atrevernos, como hicieron los nuevos gigantes del sudeste asiático —sobre todo Corea del Sur y Singapur— a desobedecer las dictaduras del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial y desarrollar un modelo mexicano eficiente y conectado globalmente, aprovechando nuestra privilegiada ubicación estratégica en el planeta?

Como dijo Miguel Ángel Granados Chapa en aquel discurso memorable cuando recibió la medalla Belisario Domínguez en el Senado: hay que reconstruir la casa. Y sí, yo creo que tenemos una casa que aún no se nos ha caído porque esta cimentada en nuestra historia, nuestras plumas, nuestros próceres y nuestros artistas. Pero ya no bastan las resanadas o las manitas de pintura. No nos engañemos. Esta casa común que es México requiere una reconstrucción a fondo. No podemos dejar pasar la lección histórica de los tiempos que estamos viviendo y que nos exigen cambios radicales, urgentes y a fondo. Esta puede ser la última llamada.

Periodista. ddn_rocha@hotmail.com



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