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Serpientes y Escaleras | Salvador García Soto

¿Fue el movil la goma de opio?

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La guerra por la heroína negra podría ser el verdadero móvil detrás de la cruenta desaparición y muerte de los 43 normalistas de Ayotzinapa

Sábado 15 de noviembre de 2014

En todo lo que ha informado hasta ahora el gobierno federal en sus investigaciones sobre la desaparición y muerte de los normalistas de Ayotzinapa, hay un dato, quizás el más importante, que aún no arrojan las indagatorias de la PGR: el móvil por el cual detuvieron, secuestraron y luego mataron con tanta saña a los 43 jóvenes, cuyos cuerpos habrían sido calcinados y sus cenizas tiradas al río. Con todo y su cansancio manifiesto, el procurador Jesús Murillo Karam no ha podido —o no ha querido— establecer con claridad cuál fue la motivación que tuvieron los policías municipales de Iguala y Cocula, junto con los sicarios y jefes del cártel Guerreros Unidos, para asesinar con tal nivel de crueldad a estudiantes que no representaban para ellos una amenaza.

Cincuenta días después de los hechos, nos ha dicho la PGR quienes ordenaron la detención de los normalistas, quienes los detuvieron, quienes los entregaron a los narcos y quiénes y cómo los habrían ejecutado y habrían desaparecido sus restos. Pero como en todo caso criminal, el móvil que desencadenó los homicidios es clave para saber qué sucedió y por qué ocurrió esta terrible tragedia que ha puesto en vilo al gobierno y al país.

Una versión que surge del círculo más cercano del gobernador con licencia, Ángel Aguirre Rivero, y que se escucha desde hace semanas en Iguala y en Chilpancingo, asegura que, más que los “infiltrados” de Los Rojos entre los estudiantes o el evitar que los normalistas que llegaron a Iguala incomodaran el acto de María de los Angeles Pineda en el DIF municipal, como ha señalado la PGR, la clave de por qué atacaron a los jóvenes estaría en los camiones que los de Ayotzinapa secuestraron en la central camionera del municipio para trasladarse rumbo al DF.

Cuando llegaron a Iguala, el viernes 26 de septiembre a las 7 de la noche en dos camiones Estrella de Oro que venían de la normal, según el testimonio de “Mario”, uno de los jóvenes sobrevivientes de Ayotzinapa, se dirigieron a la central de autobuses para secuestrar otros cuatro camiones que necesitaban para viajar a la ciudad de México. Tras tomar los cuatro autobuses, los 120 jóvenes se distribuyeron en las seis unidades —dos que traían más las que secuestraron en Iguala— y el convoy se dividió en dos grupos de tres que tomaron rutas distintas. El ataque de los policías de Iguala, que abrieron fuego, se centró en sólo uno de los convoys, justo cuando los tres camiones avanzaban sobre la calle Juan Alvárez, en el cruce con la calle de Mina.

La forma en que los policías abrieron fuego sin mediar aviso y dispararon contra los camiones para obligarlos a detenerse, tiene que ver con esa versión que dice que el móvil del ataque era en realidad “rescatar” uno de los cuatro camiones que los normalistas habían secuestrado en la central camionera de Iguala y que originalmente partiría esa noche con rumbo a Reynosa, Tamaulipas. El interés en recuperar ese camión a como diera lugar era porque se encontraba cargado con unos 35 kilos de goma de opio que previamente habían sido depositados en la unidad para ser enviada con rumbo a la frontera tamaulipeca.

La goma de opio, que es la base para producir la heroína, se produce en varios municipios de la sierra de Guerrero, donde abundan los sembradíos de Aamapola, y tiene a Iguala como su principal punto de concentración para su envío hacia la frontera norte. Por eso la orden que recibieron los policías fue recuperar ese cargamento, propiedad de los Guerreros Unidos, y que creyeron que los estudiantes de Ayotzinapa habían robado deliberadamente. Eso, según esa versión, explicaría no sólo el ataque a los estudiantes sino la forma en que —después de la balacera en las calles de Iguala— murieron tres de ellos y otros tres transeúntes, y se llevaron a los 43, los torturaron brutalmente y los asesinaron con saña buscando desaparecer sus restos.

En su columna En Tercera Persona publicada en este diario el 23 de octubre pasado, el periodista Héctor de Mauleón, refirió una comunicación que el presidente Barack Obama envió al Congreso de Estados Unidos el 16 de septiembre, 10 días antes de la desaparición de los normalistas, en la que la que el mandatario se declaraba “particularmente preocupado” por los altos índices de cultivo de amapola en México y definió a nuestro país como “el principal proveedor de derivados de opio a Estados Unidos”, pues en sólo cuatro años los decomisos de heroína en la frontera con México habían aumentado 324%.

“Iguala —apunta De Mauleón— es el escurridero a donde va a parar la producción de adormidera del estado de Guerrero. Y el estado de Guerrero produce el 98% de la amapola del país. Es decir, de esos derivados de opio que tanto perturban al presidente Obama. El gobierno mexicano sabe que la goma de opio cosechada en Teloloapan, Arcelia, Totolapan, Coyuca de Catalán, Pungarabato y Cuetzala, entre otras regiones, es acopiada en Iguala. Y que de ahí parte, debidamente empaquetada, hacia la frontera norte”.

El propio procurador Jesús Murillo Karam, en polémica conferencia de prensa del viernes 7 de noviembre, comentó que en los recorridos que las fuerzas federales habían realizado por los municipios serranos que rodean a Iguala, habían encontrado “varios laboratorios” donde se procesaba la amapola para obtener la goma de opio, la misma que después es concentrada en Iguala y desde ahí enviada —una parte en autobuses de pasajeros— a la frontera norte para su trasiego a Estados Unidos.

Así que la guerra por la mexican black tar o heroína negra, que es actualmente el millonario negocio por el que Guerrero, y particularmente Iguala, se convirtieron en plazas disputadas por los cárteles Guerreros Unidos y Los Rojos, podría ser el verdadero móvil detrás de la cruenta desaparición y muerte de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Eso es lo que no ha dicho el gobierno federal, o lo que no ha querido decir.

NOTAS INDISCRETAS... Después de convalecer durante una semana en su casa, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, acudirá este lunes a su oficina a atender asuntos de la ciudad, pero lo hará todavía con un horario limitado por prescripción de los médicos. Luego de la operación a corazón abierto que le fue practicada, por una falla en un cateterismo, Mancera contó en todo momento con el apoyo de sus hombres más cercanos, entre los cuales Luis Serna fue de los que más activos se vieron en esta coyuntura, lo que confirma la cercanía y confianza del secretario particular... En un comunicado, el Ejército Popular Revolucionario se adjudicó la explosión ocurrida el martes pasado en un centro comercia Soriana en Ecatepec, Estado de México. La guerrilla eperrista argumentó que el acto forma parte de sus protestas contra el gobierno y contra una empresa “que contribuyó al fraude electoral que impuso a la actual adminstración”. Para que luego no se diga que los “focos rojos” por actos de violencia sólo están localizados en Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Chiapas. También en el Estado de México hay tensión y en Morelos, donde ayer duró casi todo el día el bloqueo a la Autopista México-Cuernavaca y se dio el secuestro por varias horas del secretario de Gobierno morelense. Lo dicho: si no se detiene, la ola radical crecerá en el país... Los dados cierran semana. Escalera doble.

sgarciasoto@hotmail.com



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