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Bucareli | Jacobo Zabludovsky

La lección de U.S.A.

Periodista y licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Inició sus actividades period ...

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Lunes 10 de noviembre de 2014

La semana pasada fue de elecciones en los Estados Unidos.

Una extraña similitud entre el momento político de los Estados Unidos y México nos da oportunidad de poner su experiencia a nuestro servicio, tomando en cuenta las circunstancias y sus distintas consecuencias.

“Enfrentemos el hecho: el sistema político de los Estados Unidos está destrozado”, afirma Nicolas Kristof el martes en la primera plana del New York Times: “Las elecciones de medio periodo fueron un severo repudio del presidente Obama, pero los republicanos también deben sentirse castigados: una encuesta el año pasado encontró al Congreso menos popular que las cucarachas. Así pues, felicitaciones a quienes celebran las elecciones victoriosas. Pero nuestras instituciones democráticas están en problemas cuando no hemos podido expulsar a las cucarachas. Que ni siquiera hicieron campaña”.

¿Le suena conocido? México se prepara para elecciones de medio sexenio. El martes comenzó el proceso electoral 2014-2015, en el que se disputarán 159 cargos de elección popular en los comicios de junio de 2015. Se votará por los 500 diputados federales, 9 gubernaturas, 641 diputaciones en 17 estados, 993 alcaldías en 16 entidades y las 16 jefaturas delegacionales del Distrito Federal.

Si las elecciones en los estados son consideradas sondeo de la opinión de los ciudadanos respecto al desempeño de Obama en la Casa Blanca, algunos pueden tomar las próximas de México como una especie de plebiscito o, más sencillo: la calificación de los mexicanos a la conducta de su presidente.

Quienes votaron en el vecino país votaron por un cambio. Mostraron un gran rechazo a Obama por su desprestigio y por la misma causa repudiaron al Congreso y a los partidos políticos. La lección de los Estados Unidos puede ser útil para México.

En México ocurre algo parecido, con sus asegunes. El presidente Enrique Peña Nieto ha sufrido un desgaste en su imagen sobre todo en las últimas siete semanas por dos acontecimientos traumáticos: la desaparición de los 43 de Iguala y la inmensa sobre oferta de petróleo con una caída sin precedentes en su precio.

Sobre la barbarie de Iguala el Presidente se enfrenta no únicamente a una investigación que sólo terminará cuando los jóvenes aparezcan, sino a un movimiento de repudio popular ante el crimen. Nadie cree en una rápida curación de la herida expuesta a infectarse antes de cicatrizar. Sobre los daños del desplome petrolero internacional México se defiende en todos los frentes posibles: el presidente Peña Nieto busca apoyo dentro y fuera de México, mientras cae el peso casi a 14 por dólar, cae el pronóstico de crecimiento económico para 2014, caen las ventas internas y lo único que crece es la inseguridad.

Los escenarios posibles frente a nuestras elecciones no pueden adelantarse con certeza. Cabe la posibilidad de un gigantesco abstencionismo; que el PRI pierda su precaria minoría dominante; que se rompan todos los pactos, alianzas, equilibrios y lleguemos, en el peor de los casos a cierto grado de ingobernabilidad que se ve imposible, pero no debe descartarse. Debemos aprender que hay infinitos factores no dependientes de nuestra previsión o prudencia, basta con releer el párrafo anterior.

Todo torero tiene una mala tarde. Obama tomó la suya como desafío y pretende recuperar liderazgo. Su mandato no terminó en estas elecciones adversas. El presidente Obama rehusó rendirse a la fuerza republicana”, afirma un estudio del comité editorial del mismo Times: “El señor Obama está justificado en lo que llama los principios por los que hemos luchado, que lo llevaron a ganar dos elecciones, creando oportunidades de trabajo, expandiendo la economía y “jamás nos rendiremos” (Churchill: ¿it is not to much?) porque, dice, no hay razón para eso. El señor Obama no entregará el mando antes del último día fijado. Y afirma también que los votantes durmiéndose en el progreso logrado en los últimos seis años”. En lo dicho y en su actitud de aproximación hacia los inmigrantes, podemos pensar si nos está sugiriendo el fortalecimiento en México de un liderazgo como el que busca para sí mismo.

La tarea recaería, ante la ausencia de rivales de esa magnitud, en la capacidad del presidente Peña Nieto de aprovechar los contratiempos para fortalecer la posición que la jefatura del Poder Ejecutivo le da constitucionalmente.

Estamos en vísperas del segundo aniversario de su gobierno y enfrentamos un panorama borrascoso entre conflictos y huelgas en el Politécnico, la UNAM y cientos de escuelas más en todo el país.

A la atención de necesidades ancestrales se agregan motivos graves de un descontento ¿canceroso?

Tal vez.



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