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Bucareli | Jacobo Zabludovsky

Y los veneros de petróleo el diablo

Periodista y licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Inició sus actividades period ...

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Más tardó la reforma energética en ser aprobada que en enfrentarse a una sorpresiva realidad: los grandes petroleros mundiales miran a otro lado y al mismo tiempo bajó el precio de nuestro principal producto de exportación

Lunes 03 de noviembre de 2014

La barbarie de Iguala desplazó del interés público una de las noticias más graves de los últimos tiempos en México.

El lunes pasado aparecía en las secciones de economía un informe de Goldman Sachs sobre el petróleo en el mundo con cifras, análisis y proyecciones que sólo el simún de Iguala podía ocultar bajo la arena como si la realidad fuera espejismo. El grupo de banca de inversión y valores, uno de los más grandes del mundo, recortó aun más el precio calculado del petróleo para 2015, después de una caída del 25% en los últimos cinco meses.

Los analistas de GS dijeron, en un informe hecho público a última hora del domingo, “que el aumento de la producción superará la demanda”, y que las nuevas cifras afectarán los nuevos precios, “ya que los expertos suelen bajar sus estimaciones ante la desaceleración del crecimiento global, la fortaleza del dólar y los amplios suministros del petróleo de referencia estadounidense West Texas Intermediate, que harán caer hasta 75 dólares el barril y el Brent hasta 85 en el primer trimestre de 2015, ambos 15 dólares por debajo de su anterior previsión”.

Tantas cifras, porcentajes y pronósticos suelen aburrir a los oyentes o lectores, pero más valdría ponerles atención porque de tales avisos depende en gran medida el futuro de usted y el de sus descendientes. “El WTI podría llegar a los 70 dólares en el segundo semestre y el Brent hasta 80 dólares el barril cuando el exceso de suministro sea más pronunciado. Será el nivel más bajo para el crudo de referencia estadounidense desde mediados de 2010”. Precios y producción corren caminos opuestos. Baja el precio y sube tanto la producción que satisface el apetito de los productores hasta ayer ávidos de encontrar, a cualquier costo, nuevos yacimientos. Ya no.

¿En qué afecta esto a México? El senador Ernesto Cordero recordó el martes que nuestras finanzas públicas dependen en gran medida del precio del crudo de exportación que va “peligrosamente a la baja y de hecho ha caído hasta en 24 por ciento en los últimos meses, situación que representa un gran riesgo”.

Hacienda y Congreso modificaron esta semana la Ley de Ingresos al bajar de 81 a 79 dólares su expectativa de precio del barril de petróleo para 2015, unos 8,300 millones de pesos de reducción a los ingresos, base del gasto. De acuerdo con los cálculos de Goldman Sachs, todavía estamos muy por encima del futuro previsto por ellos en los mercados mundiales.

El aumento de la producción mundial de petróleo y el simultáneo desplome de precios produce un daño colateral (frase que, nacida en la pasada guerra antinarco, sirvió de lápida a miles de transeúntes) a nuestros proyectos de crecimiento: las grandes compañías petroleras disminuyen su interés y urgencia de aprovechar la apertura representada por la reforma energética. Todos los días hay más petróleo en el mercado y cada día baja el precio. No era lo esperado hace poco.

El Wall Street Journal del miércoles publica: “Los inversionistas que apuestan al alza en los precios del petróleo están tirando la toalla y reconociendo que la caída de 25% en los precios del crudo desde junio hasta la fecha no se revertirá a corto plazo. La oferta excederá la demanda al menos hasta mediados de 2015. Hubo un traspaso de poder desde la OPEP hacia el esquisto de USA y eso produce distorsión en el mercado”. Más tardó la reforma energética en ser aprobada que en enfrentarse a una sorpresiva realidad: los grandes petroleros mundiales miran a otro lado y al mismo tiempo bajó el precio de nuestro principal producto de exportación. Nos pegaron arriba y abajo del cinturón.

Qué hacer, se preguntaba el camarada Lenin en época y circunstancias ligeramente distintas. La baja en los ingresos obliga al gobierno a tomar uno de tres caminos: subir los impuestos, pedir prestado o gastar menos. El presidente Enrique Peña Nieto ordenó a don Luis Videgaray, secretario de Hacienda, que no se le fuera a ocurrir cargarle el muertito a los difuntos contribuyentes. Pedir prestado está canijo; me recuerda la despedida de Silverio, quien, sin suerte en sus dos toros reglamentarios, contestó a la cortesía de Pepe Pagés Llergo de pagarle un toro de regaló con un: “Gracias compadre, pero a ver quien lo torea porque yo ya me retiré”. De préstamos ya deberíamos retirarnos, a ver quien los va a pagar, porque la ley de ingresos prevista para el próximo año contempla un endeudamiento de 672 mil millones de pesos, que supera los 561 mil millones autorizados este año.

Gastar menos, no hay de otra. La ley de Ingresos fue votada por el pleno del Senado y turnada el viernes a la Cámara de Diputados para su modificación.

A ver cómo le hacen.



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