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Política Zoom | Ricardo Raphael

La corrupción NO somos todos

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Es malintencionado comparar la mordida que se le entrega al policía de tránsito con el soborno proporcionado al inspector sanitario para que los hospitales adquieran un medicamento caduco

Jueves 23 de octubre de 2014

¿Por qué alguien en su sano juicio creería que la corrupción va a resolverse un día en México? Quien sea optimista con este asunto podría ser apedreado por ingenuo y acusado con un término más castizo.

Y sin embargo, después de la violencia este es el tema que más enoja a los mexicanos. Nos revienta cada día más tener gobernantes corruptos.

La cuestión está entre dos espadas: por la incredulidad, la solución que se proponga suele salir siempre derrotada y, si nada se propone, el malestar continuará creciendo.

No nos atrevemos a pensar que el problema tiene solución porque en el fondo la mayoría coincide con el presidente Enrique Peña Nieto cuando dijo que es un “tema de orden cultural,” como las ganas de gritar “Viva México”, los 15 de Septiembre, o de llevar serenata cuando nos peleamos con la novia.

Por eso fue muy inteligente la réplica que León Krauze hizo el domingo 24 de agosto, en la mesa organizada por el Fondo de Cultura Económica y transmitida por televisión.

Este periodista argumentó que en Estados Unidos habitan más de 13 millones de mexicanos dispuestos a pagar sus impuestos, a no transgredir las señales de tráfico y a obedecer las leyes. Lo cual indica que la corrupción no es un asunto relacionado con la cultura de las personas, sino con el funcionamiento de las instituciones.

Peña Nieto no supo cómo reaccionar al embate y se aferró al guión que llevaba aquella noche: insistió con lo del tema cultural.

Ese momento de la charla entre el Presidente y los periodistas robó la nota del día siguiente. Con la frustración de los organizadores, los demás asuntos abordados se extraviaron gracias a la impertinencia bien calculada del periodista de Univisión.

Días después se anunció que el proyecto del aeropuerto de la ciudad de México había sido licitado por medio de un concurso poco claro; y un mes después lo mismo sucedió con la obra del tren a Querétaro.

A manera de broma corre la pregunta: ¿a la cultura de quién se refirió el Presidente? Ciertamente ofende asumir que todos compartimos la misma distancia con la honestidad o, como alevosamente han querido promover algunos —parafraseando un viejo eslogan de los años 70— no hay salida porque “la corrupción somos todos.”

No es cierto. Hay unos más corruptos que otros y hay también actos de corrupción que tienen peores consecuencias. Es malintencionado comparar la mordida que se le entrega al policía de tránsito con el soborno proporcionado al inspector sanitario para que los hospitales adquieran un medicamento caduco.

Y tiene razón León Krauze, basta con que un mexicano cruce la frontera para que ahí se convierta en un ciudadano ejemplar. En contraste, los grandes corruptos suelen comportarse igual en cualquier escenario.

La lección de aquel domingo fue importante para el Presidente. Tanto que días después pidió opinión al dirigente de la organización Transparencia Mexicana, Federico Reyes Heroles, quien regresó sobre el mismo argumento del periodista.

Mientras los mexicanos sigamos suponiendo que la corrupción es un tema cultural no vamos a hacer nada. Y añadió que la iniciativa de un fiscal anticorrupción es inadecuada para atender la magnitud de este inmenso expediente.

Para confrontar un fenómeno que es “sistémico” se necesita de un “sistema” y no de un Robocop que persiga aleatoriamente a uno que otro corrupto.

Después de aquella primera reunión, de Presidencia mandaron llamar a Mauricio Merino, cabeza de la Red por la Rendición de Cuentas, organismo ciudadano que venía insistiendo de tiempo atrás con la creación de un sistema nacional responsable de la exigencia de cuentas, dispuesto para combatir, en todos los frentes y ámbitos de gobierno, este lastre mexicano.

Peña Nieto instruyó a Aurelio Nuño para que revisara su iniciativa. Tal funcionario de Los Pinos entregó un solo mensaje a los promotores del sistema: si los partidos de oposición apoyan la idea, el gobierno de la República acompañará el esfuerzo.

En otras palabras, si la demanda desde la sociedad es mucha, la Presidencia respaldará esa salida que es más ambiciosa en comparación con la que se tenía.

La jugada política es inteligente: si Krauze, Reyes Heroles y Merino tienen razón, y la corrupción no es un problema cultural con el que todos estamos de acuerdo, este es el momento para que lo demuestren.

ZOOM: ¿Quién iba a decirle a José Carreño Carlón, director del FCE, el alcance que podría traer su travesura? Aquella mesa del domingo 24 de agosto entre los periodistas y Peña Nieto colocó el tema de la corrupción en las mejores manos: las de la sociedad.

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