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Itinerario Político | Ricardo Alemán

En Guerrero: la ley de la selva

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Nada justifica la violencia como la que vimos en Iguala, pero tampoco nada justifica la violencia contra el Palacio de Gobierno

Martes 14 de octubre de 2014

En el estado de Guerrero están muertas las leyes del Estado mexicano. Y no es una muerte reciente y tampoco a partir de la barbarie exhibida en el municipio de Iguala. No, en Guerrero, igual que en Oaxaca, Michoacán y otras entidades que concentran la mayor pobreza, desde hace muchos años manda la “Ley de la Selva”.

Es decir, que en Guerrero —igual que en Oaxaca, Michoacán y otras entidades—, manda la “ley del más fuerte”; sea la mafia de la CNTE, sea el poder fáctico de los llamados normalistas, sean las bandas criminales, los alcaldes corruptos convertidos en narcotraficantes, sean los policías estatales y/o municipales al servicio del crimen.

En el estado de Guerrero —igual que en Oaxaca, Michoacán y otros estados—, desde hace muchos años que el gobierno estatal y los gobiernos municipales son un cero a la izquierda; no mandan y tampoco imponen un mínimo de respeto y autoridad. Y no se hable del cacareado “estado de Derecho”, porque tanto gobiernos municipales como estatales son los primeros en solapar la violencia endémica a la que recurren las mafias de la CNTE, los normalistas, anarquistas y todo aquel que enarbola una dizque causa social.

En Guerrero, como en Guanajuato y en otras entidades, “la vida no vale nada”; sea la vida de los normalistas, sean diputados, dirigentes de partido; sea la vida del líder del Congreso local; la vida de policías, empresarios, periodistas y de un despachador de gasolina. Tampoco vale nada que la turba enardecida decida quemar el Palacio de Gobierno estatal, que vandalice las instalaciones del PRI, del PRD, del SNTE. Y tampoco a nadie le importa que en Guerrero sea bloqueada todos los días la Autopista del Sol, con los daños económicos millonarios a la economía estatal.

Y es que en Guerrero gozan de cabal impunidad los poderes fácticos; los verdaderos “mandones” en el estado. ¿Y quiénes son “los mandones”? Todos lo saben; los grupos de poder, como la CNTE, como los normalistas, como las bandas criminales incrustadas en alcaldías y en el gobierno estatal. En Guerrero, uno de los grupos puede matar al líder del Congreso —que es de otro grupo—, y no pasa nada; otro grupo puede matar a normalistas y puede desaparecer a decenas de estudiantes y no pasa nada; otro puede matar al líder del PAN en Acapulco y no pasa nada. Y los primeros pueden matar a un despachador de gasolina, y no pasa nada.

¿Y por qué no pasa nada? Porque desde hace muchos años en Guerrero los grupos de poder, los mandones, los poderes hegemónicos, gozan de total impunidad; de la impunidad que da la ingobernabilidad. Porque en Guerrero nada valen las leyes del Estado mexicano; porque en Guerrero no saben lo que es el Estado de derecho. Porque desde hace décadas en Guerrero impera “la ley de la selva”.

Lo curioso es que debió ocurrir el secuestro, muerte y desaparición de un grupo de normalistas, para que los mexicanos y el mundo voltearan azorados a ver la barbarie endémica que vive en Guerrero. ¿De verdad es nuevo que en Guerrero se mata de manera impune, se vandalizan y queman inmuebles públicos de manera impune, se secuestra por disputas de poder; sea poder político, territorial o criminal? No, nada de eso es nuevo en Guerrero.

Y sin duda que nada justifica la violencia criminal —como la que vimos en Iguala—, pero tampoco nada justifica la violencia criminal como la que fue lanzada contra el Palacio de Gobierno. Lo lamentable, en todo caso, es que por razones políticas, de preferencias partidistas y mezquindad política, no faltan los que cuestionan severamente la muerte y secuestro de estudiantes, al tiempo que aplauden la violencia lanzada contra el Palacio de Gobierno de Chilpancingo.

¿Por qué los normalistas quemaron el Palacio de Gobierno? ¿De verdad fue como una muestra de repudio al gobierno de Ángel Aguirre? No, lo cierto es que tampoco podemos ser ingenuos. La violencia que vive Guerrero es propia de la lucha por el poder estatal; de las peleas por la sucesión.

Pero en esa violencia tampoco caben las casualidades. ¿Por qué? Porque no es casual que los adversarios del alcalde de Iguala —los mismos que fueron baleados, asesinados y secuestrados—, sean los mismos adversarios de Ángel Aguirre que quemaron el Palacio de Gobierno; los mismos que quemaron toda la documentación contable del gobierno saliente de Ángel Aguirre. El gobernador de Guerrero se pude retirar tranquilo. Nada encontrarán en su contra.

¿Es creíble esa casualidad? En política las casualidades no son terrenales. Al tiempo.

www.ricardoaleman.com.mx
twitter: @ricardoalemanmx



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